Sucesos para reflexionar sobre la (nueva) política cafetalera

jueves 06 de septiembre


Escrito por: Lic. René Ávila Nieto

reneavilamx@yahoo.com

 

Apenas un par de meses después de que Estados Unidos de América (EUA), tomara la determinación de abandonar la Organización Internacional del Café (OIC), dos icónicas empresas de la industria dieron una magistral muestra de la aplicación del concepto “coo-petencia”, acuñado en 1996 por Nalebuff y Brandenburger. Sin dejar de competir, la suiza Nestlé y la estadounidense Starbucks, decidieron unir esfuerzos para fortalecer su presencia en los mercados, con un acuerdo mediante el cual la primera adquiere “a perpetuidad”, los derechos para comercializar algunas marcas de la segunda, en su red mundial de distribución: un entendimiento de ganar-ganar. 

 

El valor de dicho acuerdo fue de 1,750 millones de USD, que equivalen a 12 veces el valor total de las exportaciones anuales de café de México en todas sus formas, 30 veces el valor de la producción primaria, o bien, unas 110 veces el valor del presupuesto público destinado por el Gobierno de México para apoyar la producción de café durante 2018. 

Y es justo en el tema de políticas públicas cafetaleras en México que éstos y otros sucesos debería ser objeto de una lectura más profunda, pues en la antesala de la clásica reinvención que ocurre cada seis años, bien vale la pena reflexionar sobre la cafeticultura que queremos en México para las próximas décadas.

 

¿Por qué es importante para el lector la política cafetalera? Porque mientras concebimos de manera colectiva como “injusta” o “inequitativa” la relación entre valor retenido por los productores y precio pagado por el consumidor final (los análisis más optimistas hablan de 27 por ciento, pero algunos cálculos extremistas hablan de menos del 1 por ciento); reducimos a la mera acción del gobierno la política pública para cambiar tal situación o bien, en el mejor de los casos tratamos de hacer la obra del día seleccionado aquellas marcas que expresan algún compromiso de transferir mayor beneficio al productor.

 

Entre las múltiples acepciones del concepto, vale la pena citar por ejemplo lo planteado por Aguilar Villanueva (1992) quien se refiere a la política pública como “decisiones de gobierno que incorporan la opinión, la participación, la corresponsabilidad y el dinero de los privados, en su calidad de ciudadanos electores y contribuyentes”.

 

Pero esta entrega no tiene la intención (ni posibilidad alguna) de convertirse en una disertación académica, mucho menos una vía para influir en el ánimo de los electores. De hecho, se espera que cuando estas líneas lleguen al apreciable lector, México habrá ya elegido a quien considere para conducir la próxima administración pública. 

 

Se trata de una invitación para que, en la compañía de una inspiradora taza de café, dediquemos unos minutos a reflexionar sobre algunos sucesos recientes que, pueden resultar claves para el rumbo de la cafeticultura en México. Si ello logra abonar en alguna medida el diseño y ejecución de la política cafetalera mexicana de los próximos años, el ejercicio habrá valido la pena. 

 

Abastecimiento de la demanda mundial en los próximos años.

 

Bajo cualquier escenario, el consumo mundial y nacional de café seguirá creciendo, mientras que la superficie agrícola con condiciones aptas para el cultivo tiende a disminuir por efectos del cambio climático. De acuerdo con algunas proyecciones, para el 2050 el mercado mundial necesitará unos 290 millones de sacos de café, ¡casi el doble de la producción actual! Pero la superficie de cultivo podría disminuir por efectos del cambio climático, en rangos que van del 21 al 60 por ciento según la región de que se trate.  

 

Y no sólo es cuestión de condiciones agroecológicas. La competencia por el uso del suelo se apresta para agregar presión a la producción de café, como ya de hecho ocurre en varias regiones de México (Xalapa, Córdoba, Tapachula, costa de Oaxaca, por señalar sólo algunos ejemplos). ¿Cómo planea México abastecer la demanda en los próximos años?

 

La investigación aplicada.

 

No hay vuelta de hoja, las plantaciones de café en los próximos años requieren incrementar la productividad; producir más café por unidad de superficie, pero además con una serie de factores cada vez más variantes, como la frecuencia y distribución de las lluvias, temperatura, plagas y enfermedades más resistentes, entre otros. 

 

Es claro que la investigación aplicada, desarrollo de nuevas variedades y asistencia técnica, son acciones que deben estar presentes y sobre todo articuladas. Pero cuidado, existe una enorme diferencia entre facilitar estos procesos y (tratar de) proveerlos. 

 

En este sentido, tómese nota del trabajo que ya realiza por ejemplo el World Coffee Research -WCR (https://worldcoffeeresearch.org/), una organización de investigación no lucrativa y colaborativa, conformada por la industria del café y establecida en Estados Unidos. Tan sólo en 2017 captó contribuciones directas de la industria cafetalera por más de 1.48 Millones USD; es decir casi 65 por ciento de su presupuesto anual que se destina para articular proyectos de investigación en temas que justamente tiene que ver con la productividad del futuro (híbridos F1, bancos de germoplasma, monitoreo, conservación de especies silvestres para futuro mejoramiento genético, entre otros). No sobra decir que los principales aportantes no son productores, ni gobiernos de países productores, sino las principales empresas exportadoras de materia prima y los tostadores.

 

¿Qué plantea la política pública en este sentido?, ¿cómo asegurar que en el futuro los productores no sean dependientes absolutos de la industria para la siembra de variedades aptas?

 

Producción y flujos de comercio.

 

Varios hechos parecen estar interconectados en este ámbito. Tal como demuestra un estudio de la OIC, la producción mundial aumentó 61 por ciento en los últimos 20 años, a lo largo de los cuales el consumo interno en países productores se duplicó. 

 

Con base a los datos recopilados y analizados por OIC, se demuestra que, pese al crecimiento de exportaciones de café procesado, la materia prima, café verde, sigue siendo la base del comercio mundial del aromático (91 por ciento). También se identifica una mayor concentración de las exportaciones (10 países concentran el 86 por ciento del comercio mundial), mientras que las importaciones fueron más diversificadas. En éste mismo sentido, se señala que las exportaciones de café robusta crecen con mayor rapidez.

 

Cuando se desglosa la información a nivel de países, esta clara importancia estratégica que tiene el cultivo para varios países tanto de renta media superior (donde se incluye a México, Colombia, Brasil y Perú, entre otros), como los de renta media inferior (Centroamérica, India, Indonesia, Vietnam) y renta baja (Uganda, Etiopía, Rwanda, entre otros).

 

Con una dependencia que va del 10 al 40 por ciento del valor total de sus exportaciones, es claro que muchos países apuestan y seguirán apostando por el café.  Los mayores saldos positivos en materia de crecimiento de las exportaciones se registran en orden de importancia para Vietnam, Nicaragua, Perú, Honduras, Brasil, Etiopía e India, entre los más relevantes; mientras que, entre los países perdedores se ubica por supuesto México. ¿Acaso esos países estarán dispuestos a ceder espacios de participación en el mercado mundial del commodity? 

 

Aunque el análisis en cuestión no lo señala, una vista general de los precios promedio de exportaciones de los países (recomendable revisar los datos desagregados a nivel de fracción arancelaria disponibles en https://www.trademap.org/Index.aspx), permite inferir que, algunos países, aún con disminuciones relativas de volúmenes exportados, han mejorado el diferencial en precios de venta de café verde, es decir; venden menos, pero con mejores precios, principalmente en África y Centroamérica. 

 

En tales circunstancias, todos estos países están dispuestos a dar la batalla para sobresalir en el terreno de cafés diferenciados y micro-lotes con altos premios por calidad. ¿México también?

 

Costos de producción y precios.

 

Un interesante análisis sobre los costos de producción en la región de Centroamérica fue presentado por PROMECAFE en la reciente ronda de reuniones de la OIC. De acuerdo con el análisis, para 2017 el costo promedio de producir una libra de café sería de 1.8 USD, a los cuales, sumando un porcentaje de utilidad de 15 por ciento implicaría precios de venta de al menos 2.09 USD/por libra de café verde vendido a pie de finca.

 

Los cálculos presentados, indican que los costos directos o variables, constituyen el 85 por ciento del total y dentro de éstos, la mano de obra representa 60 por ciento. Esta separación es importante debido a que los costos directos varían en función de incremento o disminución de la producción. Por su parte, los costos indirectos o fijos se mantienen, independientemente del volumen producido.  Como debe ser, el ejercicio numérico presentado por PROMECAFE incluye el costo de oportunidad de uso de la tierra y el valor de su propia mano de obra, que comúnmente no son medidos.

 

Como ya se ha indicado, para estos países y particularmente en la zona de influencia del PROMECAFE, la exportación de café verde sigue siendo una fuente estratégica de captación de divisas y lo que sacan al mercado es precisamente la materia prima que encuentra en las cotizaciones del Contrato “C” de la Bolsa de Nueva York su principal referencia.

 

Dichas cotizaciones se han ubicado en los primeros meses de 2018, en niveles peligrosamente inferiores a 1.20 USD/libra, aunque ya desde hace un par de ciclos (con excepción del segundo semestre de 2016), no logran rebasar niveles de 1.50 USD/libra. ¿Acaso los productores han estado produciendo sistemáticamente con pérdidas y aún así van superando los estragos de la enfermedad de la roya?, ¿son los productores compensados por subsidios y transferencias?, ¿o es que gran parte de estos productores están encontrando en efecto mecanismos para vender por arriba de los precios del commodity?

 

En cualquier caso, la relevancia de los datos es la enorme utilidad que tienen como línea de base para implementar políticas públicas encaminadas ya sea a reducir costos, incrementar productividad o bien a generar valores agregados con conceptos como calidad, origen y trazabilidad, certificaciones, etc., incluso para dirigir los subsidios y transferencias que gustan de promover varios gobiernos.

 

Ante la perspectiva de una nueva administración pública en México, ¿cuál es el costo de producción que puede definirse como línea base? Más allá de algunos cálculos efectuados por intermediarios financieros para determinadas regiones y tecnologías, así como estudios de caso del tipo académico, no existen en México indicadores de costos de producción.

Cooperación internacional.

 

El aparente desdén del actual gobierno de EUA por la cooperación internacional puede tener muchas aristas; pero en el caso de la reciente salida de la OIC, las estadísticas ayudan a comprender mejor el argumento subyacente: la membresía en la OIC no representa beneficios económicos para la industria estadounidense; a continuación, algunos datos.

 

Durante el año 2017, EUA importó poco más de 25.5 millones de sacos de café verde con un valor equivalente a poco más de 4,900 millones de USD. Ello de entrada lo convierte en el principal destino de la producción mundial estimada para el año de cosecha 2017 en 159 millones de sacos. 

 

Pero EUA no sólo importa café verde, las importaciones de café tostado, soluble y extractos, suman otros 1,800 millones de Dólares. En total, los estadounidenses gastaron en 2017 más de 6,700 millones de USD para comprar en el exterior los diferentes tipos de café.

 

EUA destina gran parte de sus importaciones al consumo interno, no obstante, California tiene ya ensayos importantes, que hacen pensar en la promisoria idea de invertir para cultivar café más allá del Trópico de Cáncer.

 

Las exportaciones y reexportaciones de café, con valor agregado o sin él, apenas rebasaron en 2017 los 1,000 millones de Dólares. 

 

Así, la industria del café de Estados Unidos (café verde, tostado, soluble y extractos) tuvo un déficit de 5,700 millones de Dólares. Como ocurre en otras industrias este déficit no es nuevo, pero si ha crecido considerablemente en los últimos 15 años, al pasar de 1,313 millones de USD en 2001 a 2,854 millones en 2006 y de ahí a 7,110 millones en 2011. Desde entonces, el promedio no ha sido menor a los 5 mil 300 millones de USD. 

 

En escenarios de precios bajos, como el que ya se avizora, dado el incremento de la producción en Sudamérica, Asia y África, el déficit de esta industria puede aminorarse.  ¿Qué propósito económico-comercial tendría mantenerse en la OIC?

 

Por otra parte, aunque la reciente serie de reuniones de la OIC en México, propició un espacio interesante para intercambio de información y discusión, no puede soslayarse el hecho de que la agenda estratégica se mantiene estancada en torno a intenciones de cooperación para la sostenibilidad. Las acciones concretas que los gobiernos de los países miembros pueden aterrizar a partir de dicha cooperación, son, por decir lo menos intangibles.

 

Vale pues preguntarse, ¿qué espera México de la OIC para los próximos años?, ¿cuáles son las líneas de acción que México visualiza como factibles de implementar a partir de los acuerdos de la OIC?

 

Con apenas estos cinco tópicos, desarrollados a partir de sucesos recientes, se integran una clara batería de preguntas relevantes para el diseño y definición de acciones de política pública en el sector café.  Por supuesto hay cuestiones básicas que resolver antes de plantear (como regularmente se hace) el nivel de presupuesto necesario para atender el café.  ¿Cuántos productores permanecen vigentes y con qué superficies?, ¿cuál es la estructura productiva actual de las plantaciones de café?, ¿cuánto se produce y con qué características?, ¿qué avances ha habido en materia de producción de robusta?, ¿cuál es la verdadera dimensión de las importaciones?, ¿cómo se han comportado los precios promedio rurales por tipo de café?, etc.

 

Estas no son en realidad preguntas complejas; más bien requieren de un poquito de pericia para el manejo de datos que se supone existen.

 

Es deseable, que cualquiera que sea el resultado de la jornada electoral, se despliegue un ejercicio objetivo, profesional e incluyente para el desarrollo de la nueva política púbica en el sector cafetalero, y los sucesos indicados aportan un buen punto de partida. Esperemos que, quien sea que llegue a conducir el sector, que no se caiga en la perversa tentación del autoengaño y de la lógica de pelear por el control de las instituciones cafetaleras, (ejemplo: las malogradas iniciativas de crear institutos como la solución mágica de todos los problemas). Deseamos que, en ese espíritu, se encuentren mecanismos para considerar en este diseño también a los consumidores. A fin de cuentas, el presupuesto público necesario para implementar las acciones de gobierno, se integrará justamente con los impuestos de los lectores. 

 

Los líderes del mercado nos dan muestra de la importancia de colaborar aún en la competencia, las tendencias hacen obligada una reacción objetiva y, algunos gobiernos, demuestran con hechos cómo la prioridad de sus decisiones se centra en los intereses de sus contribuyentes ¿cómo catalizar estas enseñanzas?

 



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