¿Quién proveerá el café que México necesita?

martes 11 de octubre


 

René Ávila Nieto

 

El cambio generacional entre los productores cafetaleros constituye uno de los retos más importantes para esta cadena productiva. Mientras que los jóvenes son el rostro característico de las barras y cafeterías por el rol que juegan en la innovación, el marketing, la preparación y el consumo; en el otro extremo de la cadena parece no haber estímulos suficientes para que los hijos de productores participen en el relevo generacional indispensable para producir el aromático durante los años siguientes.

El envejecimiento de la población es un problema generalizado en todo el sector rural de México. De hecho, un estudio realizado al respecto por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), en colaboración con SAGARPA y publicado en 2014, plantea –a partir del análisis de diversos factores– que, “México sufrirá en los próximos años de un proceso cada vez más acentuado de envejecimiento de la población rural. (Ya que) Los datos reflejan que no se está dando el relevo generacional en el campo mexicano…” 

En dicho estudio se identifica que, para el caso de la actividad agrícola, el promedio de edad de los responsables de las Unidades Económicas Rurales (UER) es de 54.7 años, en tanto que en las actividades de trasformación de productos primarios el promedio de edad en las UER es de 55.3 años y respecto al tema educativo resulta que 21 por ciento de los responsables de las UER no tiene ningún grado de escolaridad y el 56.6 por ciento apenas tiene apenas nivel primaria. Es decir, que la mayoría de las unidades económicas en las que se sustenta la producción agroalimentaria del país son dirigidas por gente mayor con bajo nivel de escolaridad, lo cual no demerita experiencia y pasión por el trabajo que realizan; pero definitivamente dificulta los procesos de innovación, adopción de tecnología y desarrollo en el campo.  

Así, en la agricultura resulta prácticamente impensable que los hoy obreros, comerciantes, profesionistas y emprendedores originarios del campo regresen a sus orígenes con sus padres minifundistas,  a buscar mejores formas de producir. En contraste para otros sectores como la industria y los servicios, las nuevas generaciones de trabajadores, directivos y empresarios inyectan dinamismo, innovación y con mucha frecuencia rentabilidad a las empresas. 

Si al contexto general de envejecimiento de la población rural, sumamos en el caso del café algunos factores como el predominio del minifundismo, la alta dependencia de los ingresos familiares respecto a la producción y venta primaria del café, la incidencia de plagas y enfermedades y, los altos grados de marginación donde se ubican las plantaciones, entre otros; se configura un panorama verdaderamente desconcertante de cara a los próximos años. No es sólo la ausencia de mano de obra en las fincas; es la brecha entre los productores actuales y los jóvenes campesinos que parece agrandarse y en muchos casos el medio para desvincularse unos y otros.

No parecen existir incentivos suficientes para que los jóvenes hijos de productores se queden a laborar en los cafetales. Ellos buscan ocuparse (en el mejor de los casos) en otras actividades productivas o bien migrar hacia zonas urbanas, impulsados muchas veces por sus propios padres quienes se asumen con orgullo como “cafetaleros”,  pero que prefieren no heredar dicho mote dada la estigmatización de pobreza y vulnerabilidad con la que han cargado gran parte de su vida. ¡Mi hijo ya terminó la secundaria, a ver si le puede usted dar trabajo allá en la ciudad; que no sufra aquí en el campo!, le dicen con frecuencia los productores cafetaleros orgánicos a conocida emprendedora Oaxaqueña.  

Por supuesto que existen casos en los cuales los hijos de productores están volteando con nuevos ímpetus hacia las parcelas de café. Tomás E, Gabriel B, Enrique L y Violeta Z, son algunos ejemplos de ese reducido segmento de hij@s de productores que sí están regresando a las fincas, pero en ellos se identifican condiciones que a toda lógica son determinantes: han sido motivados por sus padres, han viajado, han tenido acceso a la educación, han conocido y explorado los procesos de agregación de valor y sobre todo, han tenido y tienen acceso al financiamiento.

Otros casos de esfuerzos encomiables que de alguna forma promueven el relevo generacional, se ejemplifican con Epifanio L, que en su papel de técnico promovía que los niños de las escuelas locales aprendieran a realizar los injertos en las plantas de café; Esteban E, que logró coordinar esfuerzos institucionales para desarrollar cursos de café para niños; Roberto M., que mantiene una política de puertas abiertas en la empresa para las visitas de hijos de productores; o los casos  de técnicos comunitarios que para avanzar en los procesos de certificación sustentable de sus grupos, comienzan por enseñar a los niños educación ambiental en los mismos cafetales.  Es muy probable que existan varios esfuerzos al respecto, pero lamentablemente no existe una articulación de los mismos, ni mucho menos una estrategia para replicarlos.

Recientemente,  en un seminario en el que se abordaba el tema, la discusión se centraba en qué hacer para promover el relevo generacional entre los cafetaleros, con un mercado que –afortunadamente- sigue creciendo, pero sobre todo evoluciona y se vuelve más sofisticado. ¿Quién va a hacer producir los cafetos en los próximos años? ¿Quiénes llevarán la tecnología, los insumos y los procesos de innovación para hacer más productivas a las parcelas? ¿Quién cosechará los granos que habrán de tostarse en las próximas décadas? ¿Dónde y cómo se está formando la nueva generación de cafeticultores?; son entre otras, preguntas para las cuales hasta el momento, no existen respuestas suficientes ni satisfactorias.

Algunos estudiosos del tema plantean que para lograr el relevo generacional en el agro es indispensable que existen tres condiciones básicas aplicables tanto a pequeñas parcelas con producción de subsistencia como a UER de tipo empresarial con vinculación al mercado. Dichas condiciones son:

  1. Disposición mutua entre padres e hijos. Los primeros para compartir liderazgo, experiencia y poder en la toma de decisiones y, en los segundos, la disposición para aprender y asumir responsabilidades; 
  2. Planeación del proceso. Que implica años de formación para llegar al punto de transición y,
  3. Beneficio. Es decir, que debe existir la percepción de que la actividad es o puede ser rentable.

No obstante y, contrario a lo que pudiera pensarse, la responsabilidad de promover el cambio generacional no debe acotarse a las fincas y/o a las UER. Corresponde también a las escuelas y, universidades, a las instituciones, al Gobierno y por supuesto a tostadores, industriales y consumidores, jugar un importante rol proactivo en este sentido. Empero, no se aprecian acciones al respecto. 

Las estadísticas dan cuenta de alrededor de 500 mil envejecidos  “productores” que atienden más de 600 mil parcelas, cuya producción se comercializa por conducto de no más de 300 mil unidades vinculadas al mercado (productores que históricamente han registrado comercialización). El consumo interno en el país apunta para seguir creciendo en los próximos años con poco más de 3.5 millones de sacos en 2015, las importaciones rebasan el millón de sacos anuales, las exportaciones y la producción tienden a la baja…, y no se aprecian por ninguna parte acciones para promover el relevo generacional entre los cafetaleros; no se sabe quiénes proveerán el aromático que México necesita para las próximas décadas.

 

Llamados:

 

  • “Un estudio realizado en 2014 por la FAO y SAGARPA, plantea que México sufrirá en los próximos años de un proceso cada vez más acentuado de envejecimiento de la población rural… Los datos reflejan que no se está dando el relevo generacional en el campo mexicano”.

  • “La mayoría de las unidades económicas en las que se sustenta la producción agroalimentaria del país son dirigidas por gente mayor con bajo nivel de escolaridad, lo cual no demerita experiencia y pasión por el trabajo que realizan; pero definitivamente dificulta los procesos de innovación, adopción de tecnología y desarrollo en el campo”. 

 

 



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