México, anfitrión del próximo periodo de sesiones del Consejo Internacional del Café.

lunes 19 de febrero


En abril de 2018, representantes de gobiernos e instituciones cafeteras de todo el mundo, se reunirán en México para celebrar el 121º periodo de sesiones del Consejo Internacional del Café, un evento sin duda de gran relevancia, pero que, dados los tiempos, corre el riesgo de ser intrascendente para el Café de México.

 

En la Opinión de: Lic. René Ávila Nieto reneavilamx@yahoo.com

 

Para gran parte de los consumidores, de los emprendedores, de los responsables de barras y cafeterías y de los productores más jóvenes de México, la Organización Internacional del Café (OIC),  tal vez no represente interés alguno; pues en sus actividades diarias, no parece que el actuar de esta entidad tenga mucho impacto.

 

Eso puede cambiar en breve cuando, por invitación del gobierno de México, el Consejo Internacional del Café, máximo órgano de decisión de la OIC, realice entre el 9 y el 13 de abril de 2018,  el 121º periodo de sesiones en éste país. 

Por más de 50 años, diversos países, productores –exportadores y consumidores– importadores, han procurado, mediante la cooperación internacional, un mejor funcionamiento del mercado mundial del café y para ello han signando convenios y acuerdos cuya entidad depositaria y administradora es la OIC con sede en Londres.

Con trece objetivos específicos en la esfera de la cooperación internacional, el actual Acuerdo Internacional del Café de 2007, que entró en vigor en 2011, ha sido firmado y ratificado por 43 gobiernos en calidad de miembros exportadores y 7 miembros importadores, que incluyen a la Unión Europea con la representación de 28 países.

La distribución de votos es proporcional al promedio de sus respectivas exportaciones e importaciones de los últimos cuatro años y cada bloque de países (exportadores e importadores) cuenta con el mismo número de votos propiciando un claro equilibrio, además de en la toma de decisiones, según lo establece el propio Acuerdo, se privilegia el consenso.

En el marco del Acuerdo vigente, funcionan órganos auxiliares de la OIC donde el sector privado (entendido como No Gobierno) y sociedad civil, proveen información y elementos relevantes de discusión para los principales temas de la agenda mundial, dichos órganos son la Junta Consultiva del Sector Privado (JCSP), el Foro Consultivo sobre Financiación del Sector Cafetero (FCSC) y la Conferencia Mundial del Café (CMC). Ello es importante porque abre la posibilidad de conformar agendas basadas más en las necesidades de los actores y no en las visiones (a veces caprichos) de los funcionarios de diferentes gobiernos.

Hubo una época en la que –más para bien que para mal–, las decisiones del Consejo Internacional del Café definían el rumbo de la economía de muchos países, principalmente del bloque de productores–exportadores, pues de forma periódica se negociaban las cantidades de café que debían circular entre ellos a fin de contener la volatilidad de precios.

Los gobiernos de los países miembros lograban establecer arreglos para estabilizar el mercado y con ello, dar pauta al mantenimiento de la actividad; aunque eso, a nivel de cada país (México incluido), llegaba a significar la posibilidad del oportunismo y corrupción. Muchas historias, la mayoría estilizadas, dan cuenta de aquellos tiempos que acompañaron en gran medida a la “época dorada” del INMECAFE, cuando exportar café generaba más divisas que el petróleo, las remesas o el turismo.

Si bien, el rompimiento del sistema de cuotas de exportación hacia 1989, le restó atractivo a la OIC como foro de negociación internacional, ésta organización continuó desarrollando importantes actividades como la promoción del consumo en mercados que hoy se encuentran en franco crecimiento como Rusia y China; el programa de calidad, la difusión de información científica sobre los beneficios del consumo de café; la promoción de proyectos de desarrollo cafetero y la integración de estadísticas básicas, entre otras.

Cierto es que en los últimos años no se observa en la OIC una agenda de temas que contribuyan a resolver los problemas actuales del sector y no parece existir consenso de hacia dónde encaminar su rumbo, como lo reflejan los propios informe de las sesiones del Consejo. Los mismos discursos rayan en lo cotidiano, las estadísticas en la imprecisión y los análisis en lo superficial.

En tanto, por fuera de la OIC, diversos foros y organismos han surgido o cobrado relevancia, para encargarse de temas como la sustentabilidad, la promoción, la calidad, la representación regional, la cooperación técnica y la investigación, lo que parece rebasar el papel mismo de la OIC en un contexto en el que se observan cada vez expresiones de proteccionismo por parte de varios países, minando el espíritu de cooperación sobre el cual se basa el funcionamiento de la organización en comento.

Así pues, se antoja necesario impulsar planteamientos de temas que contribuyan a renovar la agenda de discusión de la OIC y las reuniones de abril de 2018 pueden ser un punto de partida, toda vez que México será anfitrión de representantes de gobiernos, titulares de organismos cafeteros, investigadores, miembros de la industria y entidades de la sociedad civil. En conjunto, la membresía de la OIC representa cerca del 94 por ciento de la producción y 83 por ciento del consumo mundial.  ¿Qué propondrá México?, ¿Qué mostrará?, ¿Cómo aprovechará el momento?, ¿Quién dará seguimiento a la agenda?

Pese a contar con un número de votos reducido, México tiene un asiento en la OIC y como país anfitrión de la próxima serie de reuniones, cuenta con la posibilidad real de empujar agendas concretas, no sólo desde el ámbito gubernamental, pero también del sector privado que incluye a todos los eslabones de la cadena incluidos los consumidores. ¿Qué actitud tendrá el sector cafetalero mexicano?

Una actitud, la más sencilla, puede ser la que abone al deterioro institucional que desde el rompimiento de las cuotas de exportación ha perseguido a la OIC: seguimiento de la agenda básica, un buen programa turístico para visitantes, exhibiciones, discursos y aplausos que culminen en la calificación de México como un excelente anfitrión, un país “amigo” que fortalece lazos de cooperación, sin que ello signifique ningún compromiso concreto, ninguna acción de trascendencia, en ninguna de las partes. Es decir, un buen y pasivo anfitrión.

Otra actitud, la más factible, puede ser la de un gobierno mexicano que cierra con “broche de oro” una administración sexenal donde las palabras roya, renovación y subsidios, llenen el discurso y se ponga en el futuro no inmediato la anhelada recuperación de la producción.

Un evento donde México utilice los reflectores para dar muestra de política pública basada en presupuesto público, imposible de imitarse en otros países donde los recursos son por demás escasos. Este escenario implica un poco más de trabajo; implica alinear a los diferentes actores del sector cafetalero en torno a un discurso de Gobierno cuasi en transición, incluir a productores, organizaciones y empresas que hagan lucir las acciones del último sexenio. Pero para nada debe incluir compromisos, mucho menos seguimiento; la agenda debe ser puesta por otros quienes deben llevarse un sabor de envidia por lo hecho en México. Aquí hablamos de una actitud del anfitrión como la estrella de la fiesta.

Una tercera actitud, la más complicada, puede ser la de un gobierno que, previa consulta con varios líderes y como resultado de un proceso de análisis estructural, define y plantea las acciones más importantes que debe seguir la OIC para comenzar a zanjar los problemas de fondo de distribución de valor a lo largo de la cadena.

Un México anfitrión proponiendo agenda en la política cafetera internacional; un país que no tiene empacho en ser humilde para mostrar debilidades existentes en el sector y atreverse a proponer alternativas objetivas, un país anfitrión capaz de enfrentar sus propios miedos y pedir ayuda a quienes, con más o menos recursos, han superado algunos de los puntos críticos en los que México se encuentra aún atorado.

Tal vez, una actitud de trabajo más en conjunto. Nótese que esta actitud es riesgosa, pues implica propuesta, negociación, empuje, seguimiento; cosas que una administración saliente no se puede comprometer. Se trata de una actitud de un gobierno anfitrión, que asume el papel de líder.

La otra actitud, la deseable, es aquella donde los actores que están realmente inmersos en el sector café como productores, beneficiadores, exportadores, tostadores, pero también barras, consumidores, catadores, instituciones de investigación y proveedores relacionados, dejan de lado sus diferencias y se pregunten en conjunto ¿qué nos conviene como sector?, ¿cómo podemos aprovechar mejor la plataforma de una OIC a la cual México contribuye a sostener pagando las respectivas cuotas monetarias?, ¿con que países conviene establecer alianzas?, ¿de quién necesitamos apoyo?, ¿a quién requerimos confrontar?

Una mediana respuesta a éstas interrogantes sería suficiente para integrar una sólida agenda que,  como mandato, el gobierno de México debiera promover ante el organismo intergubernamental más importante en la materia. Un escenario donde el seguimiento no tenga que depender del gobierno, más bien donde el gobierno acate las determinaciones del sector para el cual trabaja. Qué señal más atinada podría enviarse al mundo, que aquella donde el propio sector café de México toma iniciativa, propone y  sabe lo que quiere, o al menos tiene claro lo que no se quiere. Una actitud de gobierno que sirve de facilitador y responde a los intereses del sector; que demuestra claridad sobre el papel de la OIC como el medio y no el fin, en la búsqueda de mejores estadios de bienestar para las familias que viven de la actividad cafetalera.

La inaceptable actitud, pero con alto grado de probabilidad de ocurrencia, sería aquella en la cual se deje correr el tiempo y llegado el momento, con un ánimo de cumplimiento pero sujeto a la improvisación, se cumpla con el protocolo básico, se conforme una delegación numerosa y plural, sin negociación ni estrategia previos que en el transcurso de las reuniones demuestre ante el mundo divisiones, posiciones encontradas e impericia del sector café de México para definir su propio rumbo y, consecuentemente, falta de visión y autoridad para incidir en el fortalecimiento de la entidad más importante a nivel mundial.

Aunque en los informes del más reciente periodo de sesiones del Consejo de la OIC, se deja ver un halo de preocupación ante la aseveración de que, hacia el 2030, México pondrá en el mercado unos 15 millones de sacos de café; es claro que el actual gobierno sugiere con su apuesta por incrementar la producción un primer tema de discusión. Pues bien, parece ser el momento de convencer al mundo que esa línea de acción es necesaria, conveniente e imitable. 

Pero, ahí están otros importantes tópicos que sin duda son relevantes para el desarrollo del sector café de México, como la distribución de valor a lo largo de la cadena, la cuestión fitosanitaria mundial, origen y el contenido regional, los compromisos mínimos de sostenibilidad, la producción en China, el desarrollo de nuevos materiales genéticos y los derechos sobre los mismos, los bienes públicos, los precios indicativos, los grupos de calidades, la trazabilidad de los cafés sustentables, el combate a la pobreza en zonas productoras, la homologación de subsidios, y el papel de las instituciones cafeteras de los países, entre muchos otros temas.

A unos cuantos meses de realizarse el período de sesiones, bien valdría la pena que las convocatorias comiencen a circular y la estrategia a seguir comience a discutirse, si es que se quiere que dicho evento y gasto, no sea intrascendente para el café de México.

 



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