Generar condiciones locales para amortiguar la caída en la producción de café: una carrera contra e

miércoles 07 de septiembre


René Ávila Nieto

reneavilamx@yahoo.com

 

Mientras que a nivel mundial la producción de café será ligeramente mayor a la esperada para el ciclo 2015/2016,  en México se confirma que la presente cosecha será la más baja en la historia reciente de la cafeticultura nacional. Unos 143 millones de sacos será el tamaño de la producción mundial y México sólo aportará alrededor de 2 millones. Ya no podemos compararnos con otros países que antaño eran referencia; nos supera Nicaragua, Guatemala y Perú; nos doblan en producción Uganda, Etiopía, Honduras e India,  y estamos lejos, muy lejos de Colombia e Indonesia.   

Muy poco –si no es que nada– se benefician los productores de la depreciación del Peso Mexicano frente al Dólar Estadounidense que en los últimos meses le ha conferido mucho dinamismo a parte de las exportaciones agroalimentarias, pues los precios internacionales se mantienen deprimidos y por supuesto los volúmenes exportados de la materia prima son muy bajos.

 “Un quintal de café verde exportado equivale a casi 5 barriles de petróleo” se comentaba con ironía en una reunión de productores. “Cierto, pero las ganancias del petróleo que se exporta representan ingresos para el Gobierno, eso le da la importancia estratégica”, replicaban en la plática. 

En efecto, de manera superflua podemos hacer muchos comparativos entre ambos commodities  y reclamar por ejemplo el papel histórico que ha tenido el café en la generación de divisas para el país; destacar la ventaja de que el café es técnicamente una materia prima “renovable”, mientras que las reservas de petróleo tarde que temprano habrán de acabarse; argumentar que la energía y productos generados a partir del petróleo tienen ya una clara competencia en el mercado mientras que a la fecha no existe un sustituto que iguale o mejore los atributos del café; señalar los beneficios que tiene el café en la salud versus el indiscutible efecto negativo de los hidrocarburos, entre muchos otros.  Sin embargo, la realidad debe asentarnos en los hechos presentes y en función de estos tomar acciones con una clara visión de mediano y largo plazos. Es aquí donde radica la importancia de las acciones locales y en donde la carrera contra el tiempo obliga a diseñar nuevas formas de articular esfuerzos. 

Una familia promedio en las zonas cafetaleras se compone de entre 4 y 5 integrantes, de los cuales al menos 3 se encuentran en edad de trabajar; es decir se tiene disponibilidad de al menos 3 jornales diarios que significan unos 765 jornales al año. De ésta mano de obra disponible,  la atención de la parcela de café demanda unos 133 jornales por hectárea, que suman 266 jornales en aquellas familias que cuentan en promedio con dos hectáreas. ¿A dónde se ocupa el resto de mano de obra disponible de las familias cafetaleras? Más aún, considerando los esfuerzos que se están realizando en materia de renovación de cafetales, encontramos parcelas que durante 2 ó 3 años demandarán menos jornales puesto que no tendrán cosecha ni se llevarán a cabo algunas labores; esto significa más mano de obra disponible en las zonas cafetaleras que necesita encontrar acomodo.

Por otra parte, los resultados de los diagnósticos de innovación de 2012 reflejaron que para ese entonces el café aportaba en promedio el 62 por ciento de los ingresos de las familias, pero en algunas regiones de Oaxaca, Guerrero y sobre todo en Chiapas, el café llegaba a significar casi el 90 por ciento de dichos ingresos. Si la producción actual de café ha caído a prácticamente la mitad y los precios son mucho menores a los observados hace 4 ó 5 años, ¿cómo están complementando sus ingresos las familias cafetaleras?, ¿en qué actividades utilizan el excedente de mano de obra las familias que han iniciado la renovación de plantaciones ya sea de forma parcial o total?

La derrama económica que en antaño significaba la cosecha de café, principalmente entre los meses de noviembre a marzo, hoy se encuentra drásticamente disminuida y la demanda por insumos, mantenimiento, refacciones y mano de obra semi calificada para la operación de beneficios húmedos y secos en las principales regiones cafetaleras es ya marginal, puesto que varias de éstas instalaciones han tenido que operar a su mínima capacidad, sino es que han cerrado ya sus operaciones. ¿Cómo se está supliendo la ausencia de esas actividades productivas?

Aunque la atención a éstas interrogantes está implícitamente contenida en los discursos oficiales sobre un México en paz y próspero y por supuesto forman parte de los objetivos centrales de la “Cruzada por un México sin Hambre” y de la estrategia transversal para “Democratizar la Productividad”; en la práctica las secuelas de la baja en la producción de café superan las capacidades institucionales y son las organizaciones, comunidades, municipios y estados quienes en la primera línea de batalla deben enfrentar esta problemática, en gran parte derivada de la infortunada forma en la que durante  los últimos años se atendió desde el ámbito político un problema técnico como lo es la infestación de la roya del cafeto.

La búsqueda de recursos y concurrencia de programas son manejados como una forma de hacer frente a la situación y de hecho, en la actualidad una gran proporción de familias de productores son ya beneficiarias de programas de asistencia social que les permiten complementar su alimentación, a veces a costa de sacrificar sus propios hábitos y con el riesgo implícito de generar una actitud de dependencia hacia éste tipo de subsidios. Pero en efecto, esto no contribuye a mejorar las condiciones estructurales. 

“Necesitamos trabajar en actividades productivas para generar nuestro propio sustento y no depender de despensas y comedores comunitarios” dice un aguerrido productor líder de la sierra. Y abanderando este reclamo, varias organizaciones, despachos y empresas privadas buscan afanosamente recursos del presupuesto público para proyectos “estratégicos”, de “valor agregado”, de “innovación tecnológica”, de “producción sustentable” y muchas otras nominaciones que, cuando llegan a ser autorizados terminan naufragando entre los recortes de los montos y conceptos de subsidio, la inviabilidad técnica, la falta de aportaciones de contraparte y  la incapacidad de cumplir en tiempo con los criterios de ejecución y comprobación. Así, los padrones de beneficiarios dan cuenta de varios proyectos con cuantiosos montos aprobados, pero no se aprecian ejemplos concretos en los cuales dichos proyectos estén detonando la generación de empleos y condiciones de desarrollo para amortiguar los efectos de la caída en la producción de café.

Es en este contexto donde los esfuerzos locales cobran relevancia; esfuerzos en los cuales se acompañe a los productores y sus familias en la búsqueda de apoyos, pero también de inversiones, de compradores, de clientes, de complementadores; acciones concretas que contribuyan  a generar infraestructura y condiciones para la actividad productiva; acciones que vinculen el potencial de los recursos locales con el mercado, respetando y reconociendo que el mayor expertisse de los productores está en el campo, en sus parcelas, en sus comunidades. 

“Hicimos éste festival aquí en la cabecera municipal con la idea de que los productores expongan lo que tienen sin distraerse de sus actividades sustantivas; lo hicimos buscando que compradores, turistas, visitantes, especialistas, consumidores y autoridades volteen los ojos hacia nuestra región donde tenemos mucho que ofrecer y por supuesto, mucho que aprender. El café como punto de convergencia para el desarrollo de la región Huasteca” expresa Yolanda Josefina Cepeda Echevarría, presidenta municipal de Aquismón, San Luis Potosí, durante el primer festival de café celebrado en ese municipio en diciembre de 2015. “Es un reto enorme, porque estamos obligados a prepararnos a mejorar nuestra calidad, nuestro servicio, nuestra presentación y hasta nuestra forma de hacer negocios, pero si logramos hacer del festival del café un pretexto más para que la gente visite la Huasteca, le estaremos dando oportunidad a miles de familias para que diversifiquen sus actividades económicas, su sustento” advierte Yolanda, quien reconoce la voluntad del Gobierno del Estado y de los microempresarios locales para invertir y multiplicar estos esfuerzos.

Y en efecto, el Sótano de las Golondrinas, la Cascada de Tamúl, el Nacimiento de Tambaque, son sólo una muestra del atractivo turístico y el potencial económico que se encuentra en torno a la zona cafetalera de Aquismón, que constituye el paso obligado en la ruta de la Huasteca Potosina, donde el trueque, los bordados, la herbolaria, la música y la danza nos demuestran que las etnias Tének, Náhuatl y Pame, son parte viva de nuestra diversidad cultural. También, la riqueza gastronómica de la zona constituye una insuperable oportunidad para impulsar la producción agrícola y pecuaria familiar que nutre la oferta de platillos y productos típicos regionales como el tradicional tamal zacahuil, la cecina, las enchiladas de ajonjolí, ensaladas de palmito, el pan de canela, el piloncillo, los cítricos dulces, el litchi, la carambola y los exóticos sabores de las ya típicas nieves que se encuentran a pie de carretera.

Al respecto, José Antonio Olivares, responsable del café dentro del Gobierno del Estado de San Luis Potosí, señala que el objetivo central es aprovechar integralmente todo este potencial para impulsar la cafeticultura como una de las actividades productivas más extendidas en los municipios de la Huasteca. Destaca así el importantísimo rol que juegan las autoridades locales, que de forma conjunta con el Gobierno del Estado están tratando de multiplicar recursos y articularse con la Federación para contener la roya, hacer manejo de tejidos, renovación de cafetales, mejoras de proceso y selección de calidad; pero también para integrar y diversificar actividades que retengan la mano de obra y les generen ingresos a las familias cuyo único patrimonio es la parcela. Se involucra también con el apoyo de instituciones académicas y de investigación, a los hijos de los cafeticultores pues “no podemos darnos el lujo de perder a la siguiente generación de productores” resalta José Antonio, quien además plantea la necesidad de atender de forma adecuada el creciente y cada vez más exigente mercado de la región centro y noreste del país.

Pero la Huasteca no es el único caso donde la caída en la producción de café demanda acciones  locales para amortiguar la situación. Hay una gran cantidad de municipios en todo el país ejecutando ya planes y proyectos entorno al café; buscando atraer subsidios, inversiones, clientes y consumidores; promoviendo, complementando y diversificando; sabedores todos de que una crisis en el café significa una crisis económica local y un caldo de cultivo para el estallido social. “Es una carrera contra el tiempo” insiste un buen amigo chiapaneco quien argumenta que además del desencanto de muchos productores de edad avanzada, los jóvenes rurales no quieren esperar a que la situación del café se componga o a que “cuajen” los grandes proyectos para tener un trabajo y formar un patrimonio; demandan empleo aquí y ahora, en tanto que el horizonte de las administraciones municipales se acota a tres años máximo. De hecho, la mayoría de alcaldes y ayuntamientos que se encuentran trabajando en este tipo de proyectos, no verán como administración el fruto de sus esfuerzos y asumen el riesgo de la discontinuidad con las siguientes administraciones. Cabe entonces preguntarse ¿cómo articular y dar continuidad a estos esfuerzos?, ¿qué institución o programa puede vincular y proveer el soporte adecuado para éstos proyectos estimulando muchos más con la participación también de la sociedad?

En la búsqueda de respuesta a éstas interrogantes, es recomendable revisar la estrategia seguida por PEMEX para obtener, ampliar y consolidar la Licencia Social para Operar (LSO), a través del denominado Programa de Apoyo a la Comunidad y al Medio Ambiente (PACMA).  El PACMA es un conjunto de programas, obras, y/o acciones que permiten impulsar el desarrollo humano, generar capacidades productivas, atender rezagos sociales y forjar un desarrollo comunitario sustentable de largo plazo, en las comunidades que se encuentran dentro de las áreas de influencia de las zonas petroleras, de tal forma que llegado el momento en que se agote dicha materia prima, existan las condiciones para amortiguar ese impacto. Un aspecto sumamente valioso del PACMA tiene que ver con la contribución que deben realizar las empresas que se benefician de los contratos con PEMEX.  

En un sentido de justicia social y reconocimiento al papel que ha desempeñado la producción de café en la economía de las comunidades, municipios, estados y en general del país, pero sobre todo de la industria, bien valdría la pena hacer un esfuerzo por diseñar, negociar y articular un PACMA cafetalero; la situación lo amerita y el tiempo apremia.

 



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