Del chocolate al café: alimentos que pronto podrían desaparecer.

miércoles 21 de marzo


El cambio climático, junto con las enfermedades agrícolas y la sobreexplotación, se presentan como las principales amenazas actuales para la industria alimentaria.

 

La Bóveda Global de Semillas del Ártico, una especie de despensa mundial capaz de resistir a guerras y catástrofes naturales, se fundó bajo la premisa del “por si acaso”. Su objetivo es almacenar una copia de seguridad de todas las plantas comestibles de la Tierra para asegurar que estén disponibles en caso de necesidad. Es un escenario difícil de imaginar, pero no está tan lejos de la realidad.

De hecho, lo más probable es que ahora mismo varias de nuestras comidas favoritas estén en peligro de extinción. Alimentos que nunca pensaríamos que pronto podrían desaparecer de las estanterías de los supermercados –como el vino o el café– podrían ser, en cuestión de décadas, nada más que un recuerdo lejano.

El aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático, junto con las enfermedades y la sobreexplotación, se presentan como las principales amenazas para la industria alimentaria tal y como la conocemos hoy. Ni siquiera tendrás una taza de café para sobreponerte a la pérdida del chocolate.

 

Café y chocolate, en terapia intensiva

El cambio climático en el trópico ha hecho que ciertos tipos de hongos y especies invasoras se hayan adueñado de las plantaciones. Esto, sumado a la sequía creciente y a la deforestación, puede hacer que los precios se disparen. Si la tendencia continúa, la producción podría reducirse en un 70 por ciento, según un estudio realizado en 2012. En el mejor de los casos, se trasladaría de América Latina y África a Asia.

Aunque ni el chocolate ni el café sean esenciales para nuestra supervivencia, son los mejores indicadores para el impacto del cambio climático, según Andrew Jarvis, del CIAT: “Imagina levantarte por la mañana y no tener tu taza de café ni tu barrita de chocolate lista para cuando te entre el gusanillo. No es que vayan a desaparecer de pronto, pero los precios serán mucho mayores”.

El otro ejemplo principal es el chocolate, ese amigo inseparable que nos ha acompañado toda nuestra vida, que ha estado ahí en la salud y la enfermedad, está en camino de desaparecer. Según un estudio de 2011, realizado por el International Center for Tropical Agriculture (CIAT), el principal problema es el aumento de las temperaturas y la disminución de los suministros de agua, sobre todo en países como Ghana y Costa de Marfil.

El cambio climático obligará a las granjas de cacao a encontrar zonas más frescas en las montañas africanas, terrenos, por lo general, menos adecuados para el cultivo. Por su parte, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica predice que para 2050 el 89.5 por ciento de la tierra que se utiliza ahora para cosechar cacao quedará inservible.

 

El vino y la cerveza artesanal

Las uvas son un cultivo, por lo general, delicado, y solo pueden crecer en ciertas regiones del mundo. Pero a medida que los efectos del cambio climático se agravan, estas condiciones ideales se reducen. Curiosamente, coincide con un momento en el que la industria vinícola (en especial la española) está más expandida (hay vida más allá de los riojas y riberas).

Se prevé que ciertas regiones productoras más cálidas (sobre todo Australia, la zona de California y Valle de Calafia y Sudáfrica, pero también algunas denominaciones de origen de España) pierdan la capacidad de producir uvas en algún momento de este siglo. Ante este escenario, se espera que las regiones más al norte de Europa –Inglaterra y países escandinavos– comiencen a producir vino propio.

Respecto a la Cerveza Artesanal, dos de los ingredientes base de la industria enfrentan un futuro incierto. Dentro de unas décadas, no solo será difícil encontrar una fuente confiable de agua, sino que también será un problema conseguir lúpulo, sobre todo el tipo que se utiliza para elaborar cervezas especiales.

Para desarrollarse, la planta requiere inviernos fríos y veranos cálidos. En el Reino Unido, por ejemplo, los inviernos y primaveras más cálidas ya dieron como resultado cultivos tempranos de menor rendimiento. Científicos de distintas partes de Europa pusieron manos a la obra para hallar variedades más resistentes al calor e implementar mejores sistemas de riego. Pero esto no es todo: también se espera que la producción de cebada malteada disminuya en los próximos años por las mismas razones, derivando en cervezas más caras, o peor: en menor cantidad de porrones en la góndola.

 

 

Otros alimentos en peligro

Los Pescados y Mariscos, de acuerdo a un estudio de la University of British Columbia, publicado en 2012 por la revista Nature Climate Change de Canadá, confirmó que redujeron su tamaño en las últimas décadas. ¿El motivo? El calentamiento global provocó una baja de oxígeno en el océano.

Se espera que el peso promedio de un pez caiga entre un 14 y un 24 por ciento para 2050. Y los mariscos, directamente, corren peligro de extinción. Un informe de las Naciones Unidas explicó que la acidificación de los océanos, causado por la excesiva absorción de dióxido de carbono, está dificultando que organismos como las ostras, las vieiras y los mejillones, desarrollen conchas. Sin sus caparazones, tienen las mismas chances de sobrevivir que un gladiador sin espada.

 

 

Si en el mar el problema es difícil de controlar, en tierra la cosa no mejora. Por ejemplo, todos los inviernos los manzanos pierden sus hojas y quedan pelados. Este período frío previo a la primavera es crucial, porque estos árboles registran el invierno y solo florecen cuando perciben que el frío no volverá. De hecho, los manzanos crecen en áreas de climas crudos y, si bien se ha intentado cosecharlos en zonas tropicales, no hubo éxito

 A propósito de la suba de la temperatura invernal, es probable que comencemos a ver cosechas cada vez más chicas de manzanas, lo que traerá aparejado un aumento del precio. Además, su sabor será distinto al que conocemos. En Japón, los expertos aseguran que el cambio climático está haciendo que las manzanas Fuji (más grandes y crujientes que otras variedades) sean más dulces y de textura más suave dado que los árboles florecen antes de tiempo y en temperaturas más altas. Otras frutas que necesitan del invierno son los duraznos, las ciruelas, los damascos y las peras. Conclusión: habrá que aprender a hacer conservas.

El aguacate también peligra. La demanda del fruto de moda es tan grande que podría morir de éxito. Sobre todo en zonas como California, Chile o México, las sucesivas sequías podrían acrecentar todavía más los problemas para su producción. A medida que los efectos del cambio climático se agravan, es de sentido común asumir que los aguacates serán más y más caros y se convertirán en un producto de lujo. La coyuntura también afectará a España, el principal exportador de Europa.

De la misma forma, el aumento de las temperaturas y las sequías empeorarán el rendimiento de la planta del cacahuete, pues requiere de cinco meses en un clima estable para desarrollarse. La escasez de agua impedirá que las semillas germinen y crezcan y el calor podría quemar los nuevos brotes. En caso de que encuentren su sitio, se convertirán en un producto de lujo.

Evidentemente, el Plátano es de los más afectados por una enfermedad a nivel global conocida como el mal de Panamá, que básicamente produce una obstrucción de los vasos conductores de la savia de la planta. La resistencia del hongo que la produce ha hecho que sea la mayor plaga de la historia del cultivo del banano y una de las más severas de la historia de la agricultura, exterminando por completo los cultivos más susceptibles. Por el momento, no existe un tratamiento eficaz y si sigue así, probablemente suponga el fin del plátano Cavendish.

Por lo anterior, ¿se viene un apocalipsis agrícola? Quizás no sea para tanto. Lo que sí se puede aseverar, según un artículo publicado en el diario digital Huffington Post, es que de aquí a 2050 algunos de los alimentos que consumimos a diario serán cada más difíciles de conseguir como consecuencia del cambio climático. La temperatura del aire y de los océanos está en aumento, lo que deriva en derretimiento de glaciares e irregularidades en las precipitaciones y esto, a su vez, propensa tanto las inundaciones como las sequías. Un panorama que dificulta cualquier cosecha: muy pronto estos desarreglos se reflejarán en costos por las nubes y disminución de la oferta. Es tiempo de empezar a trabajar para revertir ese efecto.



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