Crecimiento sostenible del consumo ¿Quién cultivará el mercado?

martes 20 de septiembre


René Ávila Nieto

reneavilamx@yahoo.com

 

Con escenario que se antoja complicado para el ciclo 2015/2016 donde habrá menos producción, precios internacionales poco atractivos pero mayor consumo interno,  pocos han apuntado hacia la necesidad de contar con instituciones sólidas capaces de medir, monitorear, revisar y promover el mercado. Poco o nada se hace por apuntalar organismos autónomos, independientes y especializados en “cultivar” el mercad; en articular los esfuerzos para retener a los consumidores que corren el riesgo de desencantarse de su aprecio por el aromático, si el sector cafetalero no responde a sus expectativas.

Como se ha señalado, los actuales niveles de consumo interno en México no son obra de la casualidad. Mucho esfuerzo se ha requerido desde diversas trincheras para lograr que los consumidores volteen sus ojos hacia el café de México y aún falta mucho por ver en éste ámbito; tanto en términos de volumen como de calidad, presentaciones y formatos de negocio, el mercado mexicano requiere seguir madurando, desarrollándose, evolucionando.

Pero todo el terreno ganado puede perderse si no se toman previsiones ante las nuevas circunstancias.

Particularmente para el ciclo que comienza en octubre del presente año, el volumen producido será uno de los más bajos en la historia reciente tanto por los efectos de la roya como por las acciones tomadas a partir de la misma –hablando de la renovación de cafetales (que según cifras oficiales se realiza en al menos, una superficie equivalente a 75 mil hectáreas, las cuales de entrada no producirán sino hasta dentro de dos o tres años)–. 

Aunque los precios internacionales no son el mejor aliciente, el tipo de cambio sí lo es y los compromisos de exportación tanto de grandes beneficiadores como de organizaciones y fincas, disminuirán considerablemente el volumen disponible para el mercado interno. Salvando honrosas excepciones de tostadores que trabajan con su propia red de proveedores y/o que se encuentran integrados desde la producción primaria, la mayoría de tostadores y barras  tendrán serias dificultades para obtener materia prima de mediana calidad. El poco volumen de café mexicano que quedará disponible para el mercado interno no será el mejor y tampoco será barato. Se recurrirá como ya es costumbre, a las crecientes importaciones, las cuales como es sabido no son sinónimo de calidad, de trazabilidad y/o de consistencia, mucho menos de retribución a los productores.

El crecimiento del mercado electrónico, la consolidación del segmento de mono dosis, los cafés tostados de alta calidad, los cafés de origen, las boutiques y hasta los puntos de venta móviles son  entre otros, espacios que seguirán creciendo en el mercado nacional y ante ello surgen retos mayores y sobre todo preguntas que alguien debe responder:

  • ¿Con qué tipo de café serán atendidos estos mercados?
  • ¿Cómo y bajo qué perspectiva se medirá el consumo en nuestro país?
  • ¿Quién estará monitoreando de forma consistente los hábitos de los consumidores?
  • ¿Quién estará vigilando el establecimiento y cumplimiento de estándares de calidad?
  • ¿Cómo se garantizará la no entrada de “basura” al mercado, tanto de importaciones como de café nacional?
  • ¿Qué enfoque tendrán las campañas genéricas, si acaso existen?
  • ¿Qué institución será capaz de articular los esfuerzos para cultivar y fortalecer la tendencia actual?

Y no es que no existan instituciones y organizaciones trabajando en algunos aspectos de las interrogantes señaladas. Si atendemos al ámbito gubernamental la Agencia de Servicios a la Comercialización Agropecuaria (ASERCA) estaría conduciendo las acciones de promoción genérica; el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP) estaría proveyendo las estadísticas y estudios del sector; el Comité Técnico Nacional de Normalización del Café Mexicano (coordinado por SAGARPA) estaría trabajando en la traducción, actualización y homologación de  un conjunto de normas, mientras que PROFECO y COFECE deberían ser los garantes del cumplimiento de las reglas del juego. Desde el ámbito privado, es indiscutible el trabajo que realiza la Asociación Mexicana de Cafés y Cafeterías de Especialidad, A.C. (AMCCE) en materia de entrenamientos de baristas y catadores bajo los estándares del CONOCER y de la Specialty Coffee Association (SCAA), respectivamente. También algunas acciones se realizan a nivel local o regional a través de organismos como el CAFECOL y la Universidad Autónoma de Chapingo, mientras que esfuerzos estatales son efectuados por organismos y entidades en los Estados los cuales, al igual que las organizaciones de productores, dependen del flujo de recursos del gobierno. Importantes gestiones y esfuerzos realizan la Asociación Nacional de la Industria del Café, A.C. (ANICAFE) y lo que aún queda de la Sección XX  de Tostadores y Molinos de Café de CANACINTRA, pero esto en favor de sus asociados, no de toda la cadena. Organizaciones de productores hay muchas, de todos los colores y sabores, las de membrete, las radicales, las pasivas, las progresistas, etc., pero todas tienen un denominador común: dependen de la llave de recursos públicos para actuar. 

En suma, el espectro institucional es amplio, pero su articulación es nula; no hay planeación, no hay entendimiento, no hay coordinación, no hay estrategia.  La oportunidad histórica que el sector tuvo de articular el esfuerzo colectivo al conformar el Comité Nacional Sistema Producto Café y su organismo ejecutor, la Asociación Mexicana de la Cadena Productiva del Café, A.C. (AMECAFE), parece haberse esfumado y se encuentra reducida a una simple expresión de comparsa para los actos en los cuales el Gobierno Federal otorga subsidios. Los únicos incentivos para que algunos actores de la cadena productiva se sienten a la mesa de AMECAFE son la facultad de este organismo para emitir los certificados de origen, el sistema para emitir facturas electrónicas y por supuesto, el Fideicomiso FIRCAFE, ahora supeditado también a las decisiones del Gobierno.  

No se ve por donde se esté construyendo la institución cafetera que –al menos en la parte de mercado–,  México necesita de cara a los próximos años. Más bien –y paradójicamente en un entorno de libre mercado y ausencia de acuerdos multilaterales–, acudimos a una centralización, a una mayor participación del Gobierno, a una concentración de acciones y decisiones con el presupuesto en la mano. Todo indica que nuestro mercado, un mercado que va creciendo y madurando, pretende ser tutelado por el Estado pero sin una estrategia de mercado y en el mejor de los casos, la orientación que se pueda dar bajo esa tutela durará si mucho, el tiempo que dure la administración en turno. 

Es muy frágil la base de producción primaria, pero mucho más frágil es el marco institucional que debería encargarse de atender las necesidades y expectativas del consumidor. México es ya un país consumidor y necesita organismos que respondan a esa lógica, es momento de diseñarlos, de crearlos, de articular los esfuerzos existentes. Si tomamos como ejemplo a Estados Unidos (el mayor mercado consumidor del mundo), veremos que el Gobierno vela por los intereses de sus consumidores, pero las instituciones guían el actuar del Gobierno y articulan las acciones. Tal es el caso de la National Coffee Association of USA  fundada en 1911, la Green Coffee Association of USA que data 1923 y la SCAA, establecida en 1982.

Es posible que para muchos actores la conformación de una institución moderna, dinámica, relevante, pero sobre todo independiente, les parezca una tarea que puede esperar; principalmente si partimos del hecho de que la independencia de opinión y gestión la otorga la independencia financiera. Tener una institución a la altura de los retos por venir, exige creatividad, voluntades, decisión y también recursos, aunque comparativamente mucho menos de los que se invierten en otros aspectos. Y no se trata de pedirle al Gobierno que sea quien convoque y patrocine la creación de una nueva institución, pues de facto estaría condenada a la temporalidad, orientación y voluntad política. El esfuerzo deberá venir de los interesados, los involucrados, los verdaderos actores. 

No hacer nada es una forma de mantener la inercia, de que los consumidores se las arreglen por si solos, de esperar a que el Gobierno idee un escaparate –fundamentalmente de corte político–, que sirva de distracción temporal; no hacer nada significa dejar en manos de los grandes corporativos mundiales el diseño del perfil de los consumidores de las nuevas generaciones.

El ciclo venidero será un punto de inflexión, será una prueba de fuego para mantener en orden y en equilibrio un mercado en pleno crecimiento. Si todas las variables se mantienen estables al término del ciclo 2015/2016 estaremos en la antesala de convertirnos en un importador neto; si no se toman cartas en el asunto a través de instituciones autónomas que garanticen la generación y el flujo de información, el cumplimiento de estándares de calidad, de normas de etiquetado, trazabilidad, preparación, entre otros, seremos meros testigos de cómo los consumidores mexicanos migran hacia otros orígenes o lo que es peor, a otros productos. Es indispensable articular esfuerzos para seguir cultivando el consumo.

Por cierto, para la cosecha 2015/2016 no habrá en México Taza de Excelencia. El certamen a través del cual los más selectos compradores del mundo venían midiendo la calidad del café de nuestro país, se verá interrumpido dada la decisión de Alliance for Coffee Excellence (ACE) de suspender temporalmente el certamen en México y algunos otros países con el propósito de probar e implementar algunas mejoras del proceso y de la logística. Pocos han abordado el tema y lo que es peor, no se han planteado acciones alternativas (como sí se están preparando en otros países donde se ha suspendido, como Nicaragua y El Salvador). La plataforma de Premio Cosecha a la Calidad bien podría retomarse con este propósito. 

 



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