Chiapas, muestra y panorama de la Cafeticultura en México

jueves 18 de julio


Jesús Salazar, Cafeólogo®

Jesús Salazar, Cafeólogo®

 Chiapas es una de las tres cunas del café en México, junto a Veracruz y Michoacán, y es de todos sabido que desde el punto de vista cuantitativo es el estado que más produce café en nuestro país. En la mente y preferencias de los consumidores Chiapas produce algunos de los mejores cafés y la fama de sus plantaciones bajo el sistema de fincas, aunque muy disminuido, aún forma parte del imaginario cafetalero de nacionales y extranjeros. Además, el cooperativismo y la producción orgánica que ocurren en sus suelos han sido emblemáticos en más de una ocasión. Chiapas es un estado rico, grande y complejo en muchos sentidos.

 

Si Chiapas es una cafeticultura, hoy es una de 237 mil 742 hectáreas en manos de 180 mil productores de café -dicen las escasas estadísticas-. Promedio de 1.3 hectáreas por cafeticultor. Se trata de una cafeticultura atomizada, es decir, una riqueza pulverizada en miles de pequeñísimas partículas. Si Chiapas fuera un gran diamante sería en realidad los residuos, el polvo de un gran diamante. Hoy no se puede entender ni abordar a Chiapas como un gigante, como un monolito, como a una sola realidad grande y potente. Hoy para abordar a Chiapas hay que ponerse en los pies de la hormiga y analizarlo con microscopio.

La escala para comprender, abonar y promover la cafeticultura chiapaneca es micro, o para ser más realista, es nano.

 

Además de nano cafeticultura, en Chiapas existe la paupericafeticultura. Esto es, la cafeticultura de la pobreza. La inmensa mayoría de los cafeticultores se encuentran en situación de pobreza. Es difícil citar un estudio que lo demuestre, no existe; es fácil caer en cuenta de ello al recorrer la región. La pobreza no es ambiental, aunque pronto podría serlo si no se estimula la cafeticultura profesional. La pobreza es social, económica, técnica, política, institucional y de infraestructura. Gracias a la riqueza ambiental y con todo lo demás en contra aún se producen muchos cafés de alta calidad; pero incluso eso está en riesgo por muchas razones.

 

Y, aun así, ¿de qué sirve producir cafés de alta calidad si no tenemos cafeticultores con una vida digna gracias a su cafeticultura? Chiapas ha sido tratado, entendido y manejado como un reservorio o stock de café, no como una cultura y sociedad de cafeticultores que lo producen. Chiapas ha sufrido la consecuencia de ser observado como mina más que como comunidad. De Chiapas se saca café haciendo invisibles a los cafeticultores.

 

 Foto: Cafeología

 

Posiblemente no sólo en Chiapas. Posiblemente haya analogías válidas en Veracruz, Puebla, Oaxaca y Guerrero, otros estados importantes en la producción de café en México, y en el resto de los estados que en alguna medida producen café. Aunque las instituciones públicas insistan en que se trabaja fuertemente en el estado, los cafeticultores y sus resultados no lo perciben ni expresan así. Aunque las empresas (micro y mega) insistan a través del marketing en ensalzar sus apuestas en la región, no hay evidencias en el tejido productivo ni en el tejido social de que el beneficio esté llegando a quienes producen café.

 

La cafeticultura en Chiapas se ha deshumanizado porque se le ha instrumentalizado. Los cafeticultores son capital político de los gobernantes y económico de los empresarios. Como bromeaban un par de agrónomos alguna vez, es más fácil vivir del cafeticultor que de la cafeticultura. A Chiapas, como al resto de México, le hace falta visión y liderazgo en el sector.

 

La agroecología es propicia, la capacidad de trabajo está dispuesta, la escasa infraestructura puede ser suficiente, hace falta la visión de conjunto y de detalle, la unificación de las voluntades, y Chiapas, aunque pulverizado puede venderse a precio de polvo de diamante, no sólo a precio de polvo. ¿Quién tiene hoy esa visión, quiénes? ¿Dónde se gestan hoy esas estrategias para reparar en el corto, mediano y largo plazo una cafeticultura que no sólo viva de románticas etiquetas? Los gobiernos federal y estatal no asumen el compromiso; la academia se refugia en su “leedse y citadse los unos a los otros”; las empresas con poder económico siguen incrementando su propio poder; los finqueros con alguna voz y alguna capacidad prefieren limitarse a lo suyo; las organizaciones sociales padecen el fratricidio continuo; los caficultores desalentados se han convertido en anodinos; las plantas hacen lo que pueden.

 

¿Es posible llevar a cabo una cafeticultura profesional y rentable con 1.3 hectáreas por cafeticultor? Sí, es un promedio obtenido de manera simple, pero no está lejos de la realidad de la mayor parte de los cafeticultores chiapanecos. Insisto, ¿es posible? Viéndolo desde otra perspectiva, ¿es posible llevar a cabo una actividad profesional de valor desde la micro escala y con pocos recursos?

La respuesta tiene partes. Sí, es posible comenzar desde ese punto, con pocos recursos y poca infraestructura y con resultados alcanzables pero limitados. Luego, es necesario incentivar, atender y defender los primeros pasos.

Finalmente, es necesario involucrar, contagiar, convencer y sumar con otros actores e instituciones de la industria. Pero se requiere la voluntad de la industria para llevarlo a cabo. Más allá del capital mercadológico se requiere compromiso de los actores y las instituciones, y ese gran acuerdo es el que nos está faltando, sospecho que no sólo en Chiapas, en todo México.

 

 Foto: Cafeología

 

La mayoría de las iniciativas han tenido inspiración y argumento social. Es fundamental no abandonarlo. Pero es necesario comenzar a operar de otra manera. Los argumentos económicos deben ser los principales y más elocuentes para construir cualquier iniciativa de mejora continua en el corto, mediano y largo plazo. No es que no sean útiles los argumentos sociales, es que su efectividad queda en entredicho cuando se trata de contra argumentar con el poder económico. No hace falta abandonar el discurso social, pero es necesario argumentar desde el discurso económico.

 

Por razones económicas -que son gran incentivo y motivación para la inmensa mayoría- es necesario restaurar la cafeticultura, o el negocio no durará, ni para unos ni para otros. Por razones económicas es necesario atender a los caficultores, las regiones cafeteras, el medio ambiente, la educación y la salud, y fundamentalmente la educación y formación técnica.

Por razones económicas es más deseable restaurar y construir un negocio más rentable que continuar explotando y exprimiendo el negocio actual del café.

Chiapas es una muestra y panorama de la cafeticultura nacional, y si no lo cuidamos, posiblemente deterioremos mucho más que a Chiapas a todo México. Chiapas no es una mina, no es una reserva, es una sociedad de hombres y mujeres que habitan un espacio rico y complejo.    

 

 Foto: Cafeología



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