Café de México: Retos de la sostenibilidad económica en la producción.

jueves 19 de enero


Café de México: Retos de la sostenibilidad económica en la producción.

 Por René Ávila Nieto

 

Con cierto tinte de optimismo, muchos productores comentan que la actual cosecha no será tan mala como la pasada y la expectativa de que algunas plantas nuevas comiencen a producir en los siguientes ciclos, alimenta la esperanza para volver los ojos a la parcela.

Por supuesto que no es de esperarse el bullicio característico de los pueblos cafetaleros en épocas de cosecha. Atrás quedaron ya esas imágenes de cuadrillas de gente atentas al inicio del corte, de largas filas en las que familias enteras esperaban la apertura de la compra para pesar –en una balanza romana–, los bultos de café cosechados durante la mañana; mulas, bicicletas, taxis rurales, camionetas y camiones de carga circulando por doquier; humeantes hornos atizados con pajilla en beneficios húmedos que, inmersos entre la niebla, funcionaban día y noche tratando de procesar café que llegaba sin tregua de quién sabe cuántos sitios. Viernes y sábados eran jornadas interminables, pues la gente acostumbraba cortar toda la cereza que pudiera para asegurarse de tener dinero que gastar el domingo. Ya entrado el mes de diciembre, el olor característico de la pulpa de cereza amontonada era signo inequívoco de que el flujo de dinero estaba en marcha. Gracias al café una gran cantidad de pueblos y comunidades rurales “renacían” con la cosecha; gracias a las parcelas y fincas, la economía local podía sostenerse. 

 

Difícilmente volverán esos tiempos; al menos no con las mismas personas y no con las mismas formas. El ataque de la roya del cafeto vino a exponer la vulnerabilidad de un esquema de producción funcional, pero en decadencia; la enfermedad vino a reiterar la apremiante necesidad de renovar no sólo los cafetales, sino también la lógica de la producción en México, del funcionamiento de la cadena productiva en su conjunto, de la concepción básica sobre su sostenibilidad.

 

Así, la cosecha 2016/17 comienza con más esperanza que frutos en las plantas; aunque hay otros factores que alientan el interés de quienes aún están en la actividad, sobre todo de aquellos entre quienes, teniendo muy poco que hacer en café, la pérdida del todo, significó casi nada. Se habla ya de la creación de un Instituto y en él se fincan muchas expectativas; se habla de mercado de especialidades, de consumo interno, de nuevos compradores, de proyectos, de organizaciones; hay semilla, hay viveros, variedades resistentes, apoyos, coberturas, foros y promesas; hay más de lo que había, y eso –para la percepción varios–, ya es mucho. Los propietarios de las fincas medianas y grandes son más escépticos y para ellos la roya constituyó un importante tamiz en el que se identifican claramente tres perfiles: los que ya no tienen interés en la actividad y siguen vendiendo sus propiedades; los que comprometieron sus activos con cuantiosos créditos para dar la última batalla y, los que teniendo más diversificados sus negocios, se anticiparon con inversiones para mejorar productividad, anclados a sus clientes de muchos años.

 

En la nueva cosecha hay también nuevos jugadores. Fincas lastimosamente desatendidas e improductivas, están siendo poco a poco adquiridas por algunas empresas (mexicanas y extranjeras) que, a partir de una considerable presencia en el mercado, buscan asegurar de manera directa su suministro y le invierten recursos sustantivos a todo aquello que suene a tecnología de punta y productividad; parcelas con híbridos en altas densidades de plantación pueden verse ya produciendo en algunas partes de México. Hay también barras y cafeterías que están haciendo lo propio al acercarse con productores-proveedores preferentes para trabajar (ahora sí) de la mano con ellos en la obtención de café sostenible, certificado, de alta calidad, con perfiles de sabor específicos que tan atractivos son para algunos segmentos de consumidores.

En general puede asumirse que, en efecto, en la recién iniciada cosecha se configura un “nuevo rostro” en la cafeticultura mexicana.

Lo que no puede distinguirse, son criterios racionales para encausar este entorno hacia la sostenibilidad económica de la actividad para las próximas generaciones. Si ha demostrado  la viabilidad técnica, social, e incluso ambiental de la cafeticultura en México, pero vale preguntarse si también es posible su viabilidad económica.

Sorpresivamente, la situación política en Estados Unidos (que por mucho tiempo fue el principal mercado para el café mexicano y que hoy podría ser el segundo dado el crecimiento de nuestra propia demanda interna), ha llevado al tipo de cambio a niveles superiores a los $20 pesos por Dólar, y  justamente es en Dólares que se referencia el precio del café mexicano. Más aún, como ocurre en determinados periodos, los precios en La Bolsa muestran una tendencia sostenida al alza desde enero de 2016, cierto que lenta, pero al fin y al cabo tendencia al alza. ¿Tiene caso entonces detenerse a revisar la sostenibilidad económica? ¿Por qué deberíamos preocuparnos hoy por analizar un concepto que ya es familiar para todo mundo y que está presente en etiquetas, campañas y discursos?

Recientemente la Organización Internacional del Café (OIC) publicó el estudio denominado “Evaluación de la sostenibilidad económica de la producción de café” en el que se recopila información para entender y evaluar la estructura de costos de producción de café en determinados países. Pese a que se reconoce la dificultad para integrar de manera consistente la información y hacer comparables las metodologías de cálculo en cuanto a costos de producción; los escuetos resultados del estudio son de llamar la atención. Por ende se destacan y transcriben a continuación los elementos que se consideran más significativos.

El estudio considera información de ciclos 2006/07 al 2015/16 para cuatro países: Brasil, Colombia, Costa Rica y El Salvador.

En el caso de Colombia (tercer productor mundial), según refiere el estudio,  los costos de producción se habían venido incrementando de manera consecutiva durante los tres primeros años de análisis, pero el incremento se detuvo cuando Colombia sufrió el primer incidente grave de roya en 2008/09. Una disminución en el rendimiento supuso menos necesidad de mano de obra para recolectar la cereza y por ende disminuyeron los costos. En los años siguientes los costos de producción aumentaron a un ritmo más bajo, dado que el rendimiento tardó en recuperarse, pero desde el año de cosecha 2013/14 en adelante, a medida que el rendimiento fue alcanzando el nivel normal y con el tiempo sobrepasando los niveles anteriores a la crisis, hubo un aumento considerable de los costos de producción como resultado de una mayor necesidad de mano de obra para la cosecha y las labores posteriores de beneficiado.

Cuando se consideran los costos de establecimiento de los cafetales que fueron renovados a partir de la roya, la viabilidad económica de la producción de Colombia resulta menos segura. Hubo solo cuatro años de cosecha en el período analizado, en los que el total de ganancias fue mayor o igual a cero.

Para Costa Rica (14º productor mundial) la tendencia al alza de los costos de producción se desaceleró al igual que en Colombia debido al brote de la roya, pues el rendimiento se vio afectado negativamente y eso redujo la demanda de mano de obra. Pero a partir 2012  los costos de producción volvieron a incrementarse y entre los ciclos 2012/13 y 2015/16 la rentabilidad fue constantemente negativa, máxime que el rendimiento permaneció relativamente estable.

 

En El Salvador, luego de que en 2010/11 se alcanzara un récord de producción con 1.87 millones  de sacos, para el ciclo 2015/16 se cosecharon apenas unos 570 mil sacos por efecto de la roya. Entre 2005/06 y 2011/12 los costos de producción fueron en aumento para luego disminuir –como en los dos casos anteriores–, como consecuencia misma de la caída en los rendimientos, pero a diferencia de lo ocurrido en otros países donde los gobiernos han apoyado la replantación a gran escala, en El Salvador los productores fueron menos capaces de responder con eficacia a la crisis de la roya. Así, con la considerable excepción del 2010, los productores han venido operando con pérdidas que se acentúan en los últimos tres ciclos, reduciéndose la capacidad de efectuar inversiones para replantar y modernizar las plantaciones.

Es evidente que la viabilidad económica de la producción en El Salvador está en riesgo y, según afirma el estudio, no es sorprendente que se tenga conocimiento de agricultores que cambian del café al cacao, una alternativa más atractiva en la actualidad.

En el caso de Brasil (mayor productor del café en el mundo), la situación es diferente, entre otras cosas porque no estuvo muy afectado por la roya del café. Para los productores de café arábigo los costos medios de producción a partir de 2006/07 se duplicaron, sobre todo en insumos como fertilizantes, plaguicidas y combustibles que representan un alto porcentaje del costo total.  Los resultados muestran que son constantes los beneficios de explotación en las principales zonas productoras del Brasil. No obstante que hay una diferencia considerable en rentabilidad entre los municipios y aun recapacitando los costos de establecimiento, la mayor parte de las zonas productoras de arábiga en Brasil consiguen ganancias y los resultados son similares en el caso de robusta.

 

De acuerdo con el estudio, los principales factores que impulsan la rentabilidad de la producción de café en Brasil están vinculados a sistemas de producción modernos y eficientes en relación con el costo, y a un alto nivel de mecanización. Al mismo tiempo, la competitividad del café brasileño en el mercado mundial se benefició de la devaluación del real con respecto al Dólar estadounidense.

Refiriendo fuentes externas de información el estudio de OIC destaca también que los costos de producción en países productores de África y en Vietnam se incrementaron en diversas proporciones, siendo la mano de obra el componente más sustancial con la excepción de Vietnam.

Con esto, el artículo citado sugiere que, condiciones de precios internacionales bajos podrían conducir a un cambio espacial en el que la producción iría de las regiones de cosecha menos rentables a las más provechosas. Una mayor concentración de cultivos en países que tienen sistemas de producción avanzados y una estructura de costos favorable podría satisfacer la creciente demanda de café de calidad en todo el mundo, en términos de cantidad; aunque por supuesto la concentración geográfica incrementaría los riesgos de afectaciones por fenómenos meteorológicos extremos, plagas y enfermedades y, por ende de volatilidad en los precios.

De regreso en México, es claro que en los próximos años podremos observar incrementos significativos en producción en zonas aptas pero también en las marginales, pues los procesos actuales de renovación y también de algunas acciones de soporte tanto públicas como privadas lograrán mantener a muchas familias en la actividad. Pero es indudable que los costos de manufactura continuarán incrementándose con una situación incierta de precios de mercado.

 

También resulta claro que los costos de renovación asumidos hoy por los contribuyentes, no estarán por siempre incluidos en los recursos públicos. ¿Qué pasará si eventualmente el presupuesto etiquetado a café se orienta hacia otras prioridades?, ¿pueden las unidades de producción, familias productoras u organizaciones que hoy se benefician con subsidios, ser sostenibles económicamente en ausencia de apoyos y con otras condiciones de precios?, ¿no será que en un ánimo incluyente estamos plantando cafetos en parcelas que al cabo del tiempo serán menos rentables de lo que puedan serlo ahora?

La cafeticultura mexicana tiene frente a sí varios retos, pero garantizar la sostenibilidad económica, debe ser el principal y no se aprecia siquiera que existen estudios sobre el tema.

Hace unos cuantos años, una empresa privada que se abastece en México comenzó a aplicar para el fortalecimiento de su cadena de suministro el término Qualitivity™ definido como “(una iniciativa en la que) los caficultores incrementan sus ingresos mediante la mejora de la productividad y la calidad, al mismo tiempo que reducen sus costes mediante la eficiencia en la producción”.  Detenerse unos instantes para analizar éste y otros casos bien podría ayudarnos a orientar las actuales acciones hacia la ruta de la sostenibilidad económica y medible de la cafeticultura nacional.



BUNN 13300.0004 VP17-3SS2U Pourover Commercial Coffee Brewer with One Lower and Two Upper Warmers, Stainless Steel
Cafe Oriental
Davinci
Lamitec
Sabarex
Eurote
Del Giorno
MegaCup
Mucafe