Café de México: ¿Qué significan 100.49 Dólares por Libra?

jueves 24 de agosto


Taza de Excelencia no es la panacea para todos los males que aquejan a la cafeticultura nacional, pero se asemeja mucho a una ruta estratégica para una gran proporción de predios cafetaleros en México.

El mensaje que mandan los compradores a través del certamen es contundente: México debe retomar su vocación natural como productor de cafés diferenciados.

Rene Avila Nieto

reneavilamx@yahoo.com

 

En los últimos meses, mientras que en el mercado de materias primas se asomaba una nueva tendencia de precios a la baja, los compradores de café de especialidad empujaban las ofertas para que un micro lote de café mexicano alcanzara precios récord, cercanos al absurdo: 100.49 Dólares por libra que equivalen a 221.54 Dólares por kilogramo. El comportamiento de la demanda por éste café en el mundo, abre un espacio propicio para la discusión sobre el modelo que actualmente sigue la cafeticultura nacional, pues más allá de las cotizaciones alcanzadas, es obvio que los ganadores de taza de excelencia están haciendo cosas que son atractivas para el mercado y sin embargo, la política cafetalera no parece estar orientada en éste sentido.

El mejor incentivo para que los productores atiendan sus fincas es el precio. No existe programa de subsidio o política pública que de forma sostenible pueda igualar el efecto que causa entre las familias cafeticultoras la obtención de precios altos y desde hace algunos años el café de México ha demostrado que obtenerlos del propio mercado si es posible. A diferencia de otros cultivos como maíz o frijol que los pequeños productores siembran independientemente del precio de mercado, dado su valor de uso como producto de consumo básico; la producción de café es altamente sensible al precio de mercado, pero ¿qué tanto se estimula a los productores en la búsqueda de mejores precios?, ¿cómo se promueve la obtención de mejores calidades?.

Aunque las cotizaciones alcanzadas en la más reciente subasta fueron espectaculares, en la práctica sólo confirmaron las señales que desde hace varios años han mandado los consumidores en el sentido de que, bajo determinadas condiciones, están dispuestos a pagar el precio que el café merece, a través de canales de comercialización no convencionales, bajo arreglos más directos, al amparo de mecanismos que garanticen un mínimo de transparencia, de orden, de trazabilidad y sobre todo de calidad.

Y es que en términos generales, los cafeticultores en México han sido pioneros y  protagonistas indiscutibles de cambios que hoy son parte estructural del mercado como la producción orgánica, el movimiento cooperativista indígena, el comercio “justo”, el café de sombra, turismo rural, la facturación fiscal, las certificaciones de origen, entre otras. A pesar de que otros países han rebasado a México en éste tipo de actividades, nadie puede regatear a los productores su capacidad para innovar o al menos adoptar prácticas innovadoras.

La agroindustria por su parte tampoco ha sido ajena a estas tendencias y, si el mercado lo demanda, beneficiadores y exportadores están abiertos a modificar sus modelos de operación para mantenerse en el negocio. Como ejemplo, hace ya algunos años el crecimiento de una famosa marca productora de cápsulas y su interés por granos de atributos especiales, motivó todo un cambio organizacional en una de las agroindustrias más grandes del sector en México, la cual tuvo que adecuar sus procesos para garantizar no sólo la proveeduría, pero también la asistencia técnica para facilitar el desarrollo integral de pequeños productores en la Región de Ixhuatlán del Café en Veracruz, que a la fecha sigue produciendo parte del café que contienen las cápsulas más vendidas en todo el mundo. Ello articuló la respuesta de otras empresas competidoras en la red de valor y hoy por hoy en esa región es donde se pagan los precios promedio más altos por la cereza. Otro ejemplo son las empresas antaño dedicadas expresamente a producir lotes para entregas de café en bolsa, que en la actualidad cuentan incluso con sus propias áreas de desarrollo de proveedores sustentables y hacen uso de la tecnología de procesos para el manejo de micro lotes con certificaciones sostenibles. Más aún, los casos emblemáticos de franquicias que surgieron con el claro propósito de llevar el concepto de Café de México de alta calidad hasta el consumidor final, son muestra de que, los actores relevantes no son ajenos a las señales de mercado, ni mucho menos a los procesos de innovación.

  

 

En prácticamente todas las agroindustrias beneficiadoras de significativa importancia se observa un creciente interés por lotes de café diferenciados ya sea por su calidad, por las certificaciones sustentables que ostenten o por ambos aspectos. Si como eslabón intermedio, que normalmente cuentan con mayor información sobre el mercado, estas empresas voltean los ojos hacia los cafés diferenciados, es porque en ellos perciben negocio tanto presente como futuro.

Pero esta disposición al cambio y a la innovación que se observa en productores, agroindustria e incluso en tostadores, en respuesta a los estímulos de mercado, no parece estar en sincronía  con las acciones de política pública que siguen privilegiando el subsidio prácticamente generalizado para que productores obtengan insumos, plantas y en el mejor de los casos, asistencia técnica y  apoyos para pagar los costos de certificaciones. Esta dinámica, bastante funcional para “mantener” a los productores en la actividad y tranquilas a las organizaciones, difícilmente cambiará en la recta final del sexenio y, para cuando el nuevo sexenio arranque, habrá pasado tiempo valioso.

Bajo este contexto es preciso interpretar las señales que mandan los compradores, pero sobre todo capitalizar el “momentum” para, al menos, delinear estrategias más acordes a las características y necesidades de los productores,  fincas y empresas que con su esfuerzo, han logrado empujar al café de México de la lógica tradicional de commodities hacia un segmento de productos diferenciados. Pero esos productores, fincas y empresas, lejos de ser incluidos en las discusiones sobre el rumbo de la cafeticultura mexicana, deben formarse en la misma ventanilla de subsidios clientelares con la que se sienten cómodas las organizaciones y estructuras tradicionales en el sector.

¿Cómo aprovechar mejor las experiencias de productores como Artemio Zapata, Roberto Licona, Ciro Ventura, Adán Altamirano o Rodolfo Jiménez?, ¿cuántas fincas o parcelas con ésta tipología existen en México?, ¿qué prácticas son por ellos las más adoptadas?, ¿cuáles son las determinantes en la formación de los perfiles que han seducido a compradores de todo el mundo?, ¿de quién aprenden éstos productores?, ¿quién los representa?, ¿cuáles son sus necesidades?. Sin duda el espectro de productores, predios y lotes con potencial de desarrollo en el mercado de especialidades es mucho más amplio y la oportunidad de innovar a partir de sus conocimientos y prácticas es considerable; pero, tristemente, luego de la fotografía del certamen, regresan a la banca del olvido de la política gubernamental. Productores cuyos cafés son adquiridos en niveles que oscilan entre 300% y 600% de sobre precio en el mercado, tienen sin duda mucho que aportar en el diseño e innovación de políticas públicas.

De hecho, la información básica del sector café sugiere que un 56% de la superficie cafetalera se ubica por encima de los 900 metros sobre el nivel medio del mar (msnmm) y de ésta superficie una alta proporción corresponde a predios de pequeño a mediano tamaño, donde los productores cultivan y benefician el café, haciendo uso fundamentalmente de la propia mano de obra familiar. Esto en al menos 50 diferentes regiones y microrregiones con condiciones climáticas y de suelo muy particulares, a las cuales la riqueza cultural agrega también un valor considerable. En la mayoría de estos predios, las prácticas sostenibles aprobadas por las diferentes certificaciones no son desconocidas, pues la popularidad de las mismas se ha orientado básicamente a ésta tipología de cafetales. Son éstos factores comunes los que se identifican entre la mayoría de los productores que han obtenido los mejores precios no sólo en las subastas, pero también en esquemas de proveeduría que han desarrollado las empresas más destacadas del mercado. 

Sobra que decir que en la mayoría de los casos, los productores que han obtenido altos precios, lo han hecho con variedades tradicionales que presentan un alto grado de adaptabilidad a las zonas donde se producen.

Así, se advierte que son alrededor de 120 mil hectáreas las que tendrían condiciones naturales para orientarse a la producción de cafés diferenciados, de alta calidad y sus propietarios tendrían la capacidad necesaria para optimizar su propia mano de obra familiar, con una oferta potencial de poco más de un millón de sacos con atributos que hoy se aprecian y se pagan en el mercado. ¿Hay al menos un programa enfocado en éste ámbito?. Tal vez se argumente que se destinan ya recursos a evaluar los perfiles de calidad en diferentes regiones, pero la propia debilidad institucional hace imposible si quiera homologar criterios y compilar información consistente. En el mismo sentido, la estadística sobre comportamiento de la producción y comercialización brilla por su ausencia.

En tanto, para el resto de la superficie cafetalera en México (grandes fincas y parcelas en zonas bajas), no existe tampoco una perspectiva clara. Si no se generan condiciones mínimas de respeto al estado de derecho, cada vez serán menos las grandes fincas que mantengan el interés por invertir en el cultivo para obtener cafés convencionales o robustas al menor costo posible; si acaso algunas de ellas que buscan continuar en la actividad, es porque se encuentran integradas a corporativos involucrados en la torrefacción y distribución del café. En el otro extremo, una masa crítica cafeticultores, considerados como tales por la ostentación de unas cuantas plantas, no cuenta ya con la edad, capitalización, capacidades, escala, ni motivaciones necesarias para continuar en la actividad además de que no hay modelos de negocio que objetivamente les puedan ser aplicables. Su disponibilidad de mano de obra es mayor a la necesaria para atender la finca que por sí misma no puede proveer los ingresos necesarios para el sostenimiento de la familia. Paradójicamente, en éste tipo de productores es donde se centra la población objetivo de los programas de apoyo y eso difícilmente presentará cambios  en ésta recta final del sexenio.

En concreto, es indispensable captar las señales que manda el mercado. Con los niveles de precios obtenidos en prácticamente todas las ediciones de Taza de Excelencia, pero en particular durante la subasta de 2017, con un promedio y un máximo de 11.06 y 100.49 Dólares por Libra respectivamente,  los compradores de especialidad le otorgan un voto de confianza al café mexicano y al trabajo de un segmento de productores que no se aprecia incluido en las acciones de política pública y que en la práctica, no tiene espacios de representación. 

 

Cuando menos por algunos meses y de cara a la negociación del próximo Presupuesto de Egresos de la Federación, la re-orientación de México como potencia en la producción mundial de cafés diferenciados, debería ser la tónica. No podremos ver ya en éste sexenio la prometida recuperación de la producción y si acaso ésta se diera, será sustentada en un alto costo para los contribuyentes; pero aún es tiempo de  rescatar la verdadera vocación de la cafeticultura.

Como alguna vez ya se ha señalado, regresar a niveles de producción promedio anual de 4.5 millones de sacos o más, sin cambiar las condiciones estructurales de producción, es sólo posponer la agonía de un sector en crisis. Si un país como México no puede garantizar un mínimo de condiciones y soporte para que los productores comprometidos con la calidad exploten su potencial y lleguen al mercado, otros países si lo harán y entonces, el encanto del café mexicano como en tantos otros temas, se habrá perdido. 

Taza de excelencia no es la panacea para todos los males que aquejan a la cafeticultura nacional, pero se asemeja mucho a una ruta estratégica que puede seguir una gran proporción de  predios cafetaleros en México.

Escenarios donde pocos productores compiten por los más altos precios de mercado, son por supuesto preferibles sobre escenarios donde muchos productores compiten por las más altas tasas de subsidios.  

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