Café de México: La factibilidad de discutir una reorientación del modelo productivo.

jueves 01 de junio


Durante el primer certamen de Taza de Excelencia que fue realizado en México hacia el año 2012, diez pequeños lotes de café verde pudieron demostrar al mundo que nuestro país tenía el potencial requerido para ser un jugador importante en el mercado de cafés de alta calidad.

Más allá de los precios que (sin precedentes) se obtuvieron en aquella subasta, se probaba en los hechos la viabilidad de un modelo productivo claramente aplicable a pequeños productores que como se sabe, predominan en las regiones cafetaleras de México. A cinco años de distancia, con más experiencia acumulada como país en éste tipo de mecanismos y, en la antesala de una teórica recuperación de la producción, ¿podríamos discutir la factibilidad de re-orientar el modelo productivo del campo cafetalero en México?

 

Escrito por: René Ávila Nieto / reneavilamx@yahoo.com

 

En 2017 se cumplen ya veinte años de haberse ejecutado uno de los proyectos que de manera más significativa contribuyó a revolucionar la industria del café de especialidad en el mundo.

Se trata del denominado “Proyecto para el desarrollo del potencial del café gourmet” auspiciado por el Fondo Común de Productos Básicos (FCPB) y la Organización Internacional del Café (OIC), con la colaboración de la Asociación Brasileña de Cafés Especiales (BSCA) y la Specialty Coffee Association of America (SCAA).

A través de dicho proyecto lograron identificar y comercializar nuevos cafés gourmet procedentes de Brasil, Burundi, Etiopía, Papúa Nueva Guinea y Uganda, demostrando que la calidad podía percibirse y promoverse como un valor agregado del café verde. Estos trabajos permitieron la realización de una competencia y subasta por internet de los mejores cafés de Brasil en 1999, sentándose las bases del actual certamen de Taza de Excelencia que es implementado por Alliance for Coffee Excellence (ACE) en varios países del mundo.

 

No fue sino hasta el año 2012 que México probó la relevancia que tendría éste tipo de certámenes en la promoción de la imagen del aromático nacional, tradicionalmente cotizado en el mercado mundial por debajo de los cafés procedentes de países como Colombia, Costa Rica, Guatemala o Kenia, por señalar solo algunos orígenes.

Aunque tarde, la incursión de México en el certamen Taza de Excelencia sería un parteaguas no sólo en la imagen que los tostadores se habían formado por décadas sobre la calidad y confiabilidad del café mexicano, pero también en la actitud misma de los productores comprometidos con el cuidado de su café que constataban la existencia de mecanismos alternativos a la inequitativa cadena de comercialización tradicional.

En efecto, por varias décadas, la comercialización genérica del café Prima Lavado Mexicano dentro del grupo “otros suaves” le confirió al aromático nacional una alta tasa de sustitución a la cual toda la cadena se fue acostumbrando en lo general. Los importadores en el mercado internacional, no tendrían razón de preocuparse si el suministro de café de México disminuía, puesto que rápidamente y sin consecuencia perceptible para los consumidores, los tostadores podían sustituir en sus mezclas al aromático nacional.

 

Bajo la premisa del funcionamiento de acuerdos internacionales basados en la negociación y regulación artificial de la oferta exportable y ante la fragilidad institucional del propio sector productor, la política pública había navegado en ésta corriente, primero tutelando hasta el exceso la actividad productiva y comercial y, posteriormente, transfiriendo “activos” y responsabilidades a una cadena productiva poco o nada preparada para competir en un mercado abierto.

De la noche a la mañana y ya sin la tutela del Estado, se generó un reacomodo en la correlación de fuerzas entre los principales actores de la cadena de valor y una profunda crisis de sobre producción mundial en 2001, reveló profundas ineficiencias e inequidades que nos hacían altamente vulnerables a los desequilibrios del mercado.

México no podía ser competitivo en el mercado convencional del commodity, cuyos precios se ubicaron por debajo de los costos de producción, pero tampoco estaba preparado para acceder a los crecientes nichos de mercado de cafés de alta calidad y, ni siquiera se contaba con un mercado interno robustecido que permitiera amortiguar los efectos de la crisis en el mercado de exportación.

Por aquellos años, el mercado interno demandaba fundamentalmente robustas y cafés arábicas inferiores para la industria solubilizadora y de cafés con azúcar que acaparaban más del 70 por ciento de la demanda. Un mínimo de cooperación y colaboración entre el Estado y los actores relevantes de la cadena productiva debía asegurarse, para evitar el colapso del sector, más que para reorientar el modelo productivo.

 

 

Con un considerable gasto público de por medio, se logró atenuar los efectos de la crisis de precios internacionales, más no las raíces del problema; pues por un lado, la estructura productiva de los cafetales continuaba en deterioro y por el otro el café de México en los mercados internacionales seguía perdiendo espacios, aun a pesar de que considerables esfuerzos se realizaron en materia de promoción.

Cuando por fin lograron repuntar los precios, los diferenciales negativos se ensancharon y prácticamente se erosionó la posibilidad de que los productores pudiesen capitalizarse.

También, en algunos nichos de mercado emblemáticos para México como el de los cafés orgánicos y de comercio justo, otros jugadores fueron ganando terreno, máxime que las exigencias de calidad y trazabilidad, así como el surgimiento de nuevos estándares voluntarios de sostenibilidad, dieron un considerable aliento a estos nichos y países como Brasil, Colombia, Vietnam, Perú, Honduras e India fueron paulatinamente superando a México con la proveeduría de cafés orgánicos, 4C, Fair Trade, Rainforest Alliance, UTZ Certified y TASQ AAA, entre otros, así como cafés con multi certificaciones.

Es en este escenario que el tema de la calidad comienza a verse desde la lógica de mercado, ¿Qué era lo que los consumidores estaban demandado y cómo podía demostrase que México podía proveerlo?

Basándose en estrictos protocolos de certificación de calidad aceptados por la industria, se concibió primeramente el certamen Premio Cosecha a la Calidad del Café de México que se realizó de 2009 a 2011 y posteriormente se convino con ACE la realización de la primer Taza de Excelencia México en 2012.  En su debut, durante la subasta electrónica de micro lotes de cafés de alta calidad, el aromático nacional alcanzó precios sin precedentes que propiciaron obligadas reflexiones sobre la orientación que debía tener el modelo productivo que por muchos años se había seguido en nuestro país, pues si bien siempre se había hecho alarde de la calidad del café producido en las regiones montañosas del país y algunos esfuerzos se habían realizado para cautivar a los consumidores, poco se había podido lograr en esa materia. En dicho certamen realizado más con el corazón que con suficientes recursos, el café de pequeños productores logró atraer la atención de selectos compradores no sólo del mercado internacional, pero también de pequeños tostadores y cadenas de cafeterías que vieron en este tipo de esquemas una oportunidad de diferenciarse en el mercado y establecer relaciones más directas con productores.

Pero el legado de Taza de Excelencia 2012 fue más allá de los precios alcanzados (50.21 Dólares por libra el más alto y 4.71 Dólares por libra el más bajo, con precios de referencia en Bolsa menores del orden de 1.6 Dólares por libra). El entrenamiento de catadores, la descripción de perfiles, la identificación de defectos, rendimientos a cero defectos, las características de las fincas y los productores ganadores y el contacto directo con compradores, fueron entre otros, aprendizajes invaluables para el sector. También el atractivo que representan los cafés naturales para los compradores de Taza de Excelencia constituyó un cambio de paradigma.

Fue entonces que se suscitaron importantes reflexiones sobre la factibilidad de que los esfuerzos institucionales se enfocaran y/o alinearan para desarrollar el potencial de México como productor de café en aquellas áreas donde objetivamente se pudiese ser competitivo, pues claramente se estaba demostrando que para el grueso de los productores la vocación no era competir en el mercado del commodity convencional.

¿Qué tenía que hacer México para orientar la producción de las 56 regiones en 12 Estados productores hacia la ruta de la calidad?, ¿cómo podrían los pequeños productores beneficiarse del acercamiento con compradores dispuestos a pagar lo necesario por cafés que demostraran atributos sobresalientes?, ¿cuál debería ser el papel del Estado para detonar el potencial en la materia?, ¿con que herramientas se contaba para tal efecto?, ¿qué necesitaban corregir los productores para mejorar la calidad de salida al mercado?.

Algo pasó en el camino, o algo no se hizo de la forma adecuada, que para los siguientes años, pese a la consistencia de los resultados, se abandonó la discusión sobre la trascendencia del certamen para la reconfiguración del modelo productivo y a cinco años de distancia, no existen ya indicios querer orientar las acciones de política pública y más aún, del modelo productivo. Cierto es que se realizan cada vez más proyectos, foros, evaluaciones y premios que parecen ser el fin último más que el medio; cada evento y/o certamen parece concluir con un boletín de prensa sobre los precios alcanzados; no más.

¿Cuáles son las características comunes de los finalistas en los certámenes?, ¿qué variedades y técnicas de proceso sobresalen?, ¿cuáles son las regiones de mayor potencial?, ¿qué retroalimentación se tiene de los compradores?, ¿qué cosas deben corregirse desde campo?, ¿qué apoyos y subsidios están orientándose en la materia?, ¿cómo han evolucionado los precios pagados por el café mexicano en los mercados tradicionales?, ¿cuáles son los costos unitarios de producción de cafés de alta calidad?, son tan sólo algunas de las preguntas que, con la experiencia e información acumulada de ya varios certámenes se pudiesen responder, en aras de replantear un modelo sostenible de producción de cafés de alta calidad al menos para seleccionados grupos de productores en las zonas de mejor vocación.

Poca o nula información es procesada y aunque algunas discusiones se generan en torno a las cifras globales de disponibilidad consumo, poco se profundiza en su análisis. Por ejemplo, parece pasar desapercibido para los tomadores de decisiones el hecho de que, si atendemos a los datos de importación y exportación por fracción arancelaria contenidos en el Sistema de Información Arancelaria Vía Internet (SIAVI), las crecientes importaciones de café verde corresponden a productos de muy bajos precios que significan invariablemente café de muy baja calidad, mientras que las exportaciones apenas superan los precios promedio de bolsa; es decir, que nuestra demanda interna parece estarse atendiendo con cafés de muy baja calidad y las decrecientes exportaciones no presentan mejoras sustantivas en precios.

En este sentido ¿vale la pena seguir estigmatizando la producción de café robusta en México?, ¿es preferible importar robusta y producir para la exportación cafés de mediana o baja calidad?, ¿no sería conveniente mapear las zonas con mayor vocación productiva y orientar los subsidios en esa línea?

Lamentablemente, proyectos y herramientas de trascendental importancia como el Atlas de Calidades, el Padrón Nacional Cafetalero y el Sistema de Información Comercial han quedado en el olvido. Por supuesto que una rápida revisión a los registros de precio de las exportaciones contenidas en los certificados de origen podría arrojar elementos para determinar en qué grado ganamos o perdemos en el intercambio comercial.

También, es sabido que cada vez son más los tostadores, barras y cafeterías que en el mercado interno establecen relaciones directas con productores de cafés de alta calidad, pero los precios medios rurales reportados por el Sistema de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), reflejan más bien un deterioro en éste sentido. Nuevamente, un rápido vistazo a los registros del Sistema Informático de la Cafeticultura Nacional, podría aportar elementos para saber, al menos, en que zonas se registran los mejores precios y si estos están relacionados con el tipo calidad de café que los productores comercializan.

Pero de cara hacia el futuro y en ocasión de la edición 2017 de Taza de Excelencia y que se realiza en la antesala de la teórica recuperación de la producción, la exhortación es para conducir esfuerzos de recopilación, sistematización y tratamiento de la información que permita orientar la toma de decisiones y buscar un modelo productivo que permita a los productores mexicanos ser competitivos.

Así como hace veinte años, el proyecto de café gourmet permitió el desarrollo de un nuevo y competitivo mercado a nivel mundial, la quinta edición del certamen en México podría ser el marco de reflexión y toma de acciones sustantivas para cambiar o al menos reorientar el modelo productivo, pues de otra forma, el termino calidad sonará cada vez más hueco y la recuperación de la productividad podría ser insignificante si lo que se produce llega a ser más de lo mismo.

De cara a los próximos años y considerando la diversidad de condiciones presentes, se deberán tomar decisiones en torno al modelo productivo más recomendable y existen o debieran existir al menos los elementos básicos de información para ello: caracterizar al segmento de productores que objetivamente puede enfocarse en la producción de cafés de muy alta calidad, al segmento de productores y fincas aptas para la producción de arábigos naturales, al segmento de producción arábiga de calidad convencional con alta productividad, a las regiones productoras de los necesarios cafés robustas y sí, también al grupo de cafeticultores que inevitablemente dejarán de serlo.

 



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